Calle 12, Vedado, La Habana, Cuba

esquina de calle 23 y 12 en la habana

Esquina de las calles 23 y 12 (Foto: vxla bajo lic. CC BY 2.0)

El Vedado es un barrio residencial como muchos otros, sí, pero con la diferencia de que está en Cuba, y en él se reúnen las dificultades y la resistencia que hacen único a este país.

A finales del siglo XIX, comenzó a mutar hasta convertirse en un laboratorio urbanístico que las influyentes manos norteamericanas moldearon hasta crear una especie de Las Vegas o Miami cubano.

Cines, restaurantes, teatros y parques se mezclan en una planificación urbana internacionalmente reconocida.

La Calle 12 es un breve recorrido desde el Cementerio de Colón hasta el mar. Es uno de esos sitios donde parece que el tiempo se haya detenido años atrás, cuando todo era más sencillo y la gente no tenía tanta prisa.

Colón es uno de los camposantos mas grandes de toda Latinoamérica. El principal cementerio de La Habana está impoluto, sus calles no tienen socavones, está decorado con flores frescas a diario y las fachadas no están expuestas a los humos negros fruto de la mala combustión de los antiguos Chevrolets.

El Cementerio de Colón está repleto de rincones bucólicos, algunos de ellos olvidados, donde el silencio y la paz dibujan otra mirada de la vida. Recorrerlo permite dar un emotivo paseo, rodeado de arte funerario y lleno de anécdotas históricas, de la mano de los antepasados de la ciudad.

La Puerta de la Paz, el frontispicio de estilo románico y bizantino diseñado por el arquitecto español Calixto de Loira que ejerce como puerta principal del Cementerio de Colón (Foto: Todd Mecklem bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

La Puerta de la Paz, el frontispicio de estilo románico y bizantino diseñado por el arquitecto español Calixto de Loira que ejerce como puerta principal del Cementerio de Colón (Foto: Todd Mecklem bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

A ambos lados coexisten edificaciones de diversos estilos arquitectónicos, que evidentemente representan el paulatino crecimiento de la ciudad, su vejez y un poco de descuido.

Un poco más adelante encontramos la esquina de 23 y 12; Calurosa, emblemática, concurrida y cultural, es, sin dudas, uno de los puntos neurálgicos de La Habana.

Nos recibe un enorme cartel frente a la cafetería La Pelota, es alusivo al día en que Fidel Castro se declaró el carácter socialista de la Revolución Cubana y a los hechos de Playa Girón, en 1961.

“….Y que hayamos hecho una revolución socialista en las propias narices de los Estados Unidos, y que esa revolución socialista la defendemos con esos fusiles, y que esa revolución socialista la defendemos con el valor con que ayer nuestros artilleros antiaéreos acribillaron a balazos a los aviones agresores”.

Con esta palabras Fidel Castro proclamó el 16 de abril de 1961, en la confluencia de las calles 23 y 12 y ante miles de personas, el carácter socialista de la Revolución Cubana. Milicianos y soldados, representantes del pueblo trabajador, con fusiles en alto aprobaron las palabras de su líder, y dejaron bien claro que defenderían la revolución hasta la última gota de sangre.

Poco después del discurso, Cuba se vio inmersa en la llamada “Crisis de los Misiles“. En octubre de 1962, Estados Unidos y la entonces Unión Soviética mantuvieron una dura crisis debido a la instalación de misiles con capacidad nuclear en Cuba.

Durante dos semanas, los equipos de gobierno de EEUU, la URSS y Cuba sostuvieron reuniones día y noche, se intercambiaban comunicados y advertencias y se enfrentaron en los foros diplomáticos. Mientras tanto, los buques soviéticos navegaban rumbo al bloqueo naval estadounidense impuesto alrededor de la isla. Fueron los momentos más tensos de la Guerra Fría, en los que el mundo contuvo la respiración ante la amenaza de una guerra nuclear.

En una de las columnas del edificio desde donde se pronunció el discurso se realizó un conjunto escultórico como recordatorio a las palabras escuchadas aquel día. En el relieve se reconoce a Fidel Castro, en disposición de lucha, acompañado por el ejército revolucionario y el pueblo cubano.

esquina de la calle 23 y 12 el vedado la habana

Monumento en la esquina de las calles 23 y 12 (Foto: www.cubadebate.cu)

Aquí se puede comprar refrigerios por doquier, particularmente “fast-food” criolla en paladares y cafeterías, así como pizzas baratas, con mucha harina y poco tomate.

En la esquina adyacente se encuentra la Pizzería Cinecitta, un sitio de comida italiana que todavía se cobra en pesos cubanos. Es un clásico capaz de provocar largas colas. Sus pizzas lo merecen.

A unos pocos metros, se encuentra el Centro Cultural Cinematográfico Fresa y Chocolate, un hervidero de creatividad y talento juvenil.

Este edificio es también es la sede del Instituto Cubano del Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC), responsable de la producción cinematográfica en el país.

La institución cuenta con una cinemateca que todas las semanas exhibe filmes clásicos de todos los tiempos. Allí se localiza el Cine Chaplin, sala donde se realizan generalmente los estrenos de las películas cubanas.

El adyacente Café Fresa y Chocolate es uno de los lugares de encuentro de los agitadores culturales habaneros, especialmente los miércoles por la noche, cuando toca un excepcional cuarteto de clarinetes.

Centro Cultural Cinematográfico Fresa y Chocolate

Centro Cultural Cinematográfico Fresa y Chocolate (Foto: yosoynuts bajo lic. CC BY-ND 2.0)

El aire comienza a cambiar, ya estamos cerca del mar, la brisa del Malecón se enfurece y se vuelve viento. Y es que, por cursi que suene, en La Habana siempre se termina en el Malecón. Aquí vienen los pescadores, los novios que comienzan a salir y hasta aquellos que saben que una discusión siempre terminará bien frente al mar, tampoco faltan los que vienen “a pico de botella” a pasar la noche con los amigos ni los músicos callejeros. De cualquier modo la experiencia es curadora, eso es lo que tiene el mar.

Eso (y muchísimo más) es 12: un lugar donde es fácil perderse y sentirte dentro de una aventura, una locura y un remanso de paz, todo depende de donde estés y del momento del día.

En la actualidad la calle 12 es lo más parecido a ese túnel del tiempo que es la capital de Cuba, un viaje a nuestro pasado más inmediato, a la era de las reparaciones y la de los talleres de objetos cotidianos, a una ciudad en la que todo se arregla una y otra vez, hasta el infinito: los relojes de pulsera, las gafas (los espejuelos, dicen los habaneros), las radios, las bicicletas…

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Sobre el autor

Apasionado de internet y de los geniales rincones que ofrece la ciudad de La Habana. Mi objetivo es compartir con vosotros mi inquietud por descubrir lugares y personas especiales.



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