Calle Amargura, La Habana Vieja, La Habana, Cuba

Señal de la Calle Amargura en La Habana Vieja

Señal de la Calle Amargura (Foto: Carlos Reusser Monsalvez bajo lic. CC BY 2.0)

Amargura es una de las vías más antiguas y significativas de La Habana Vieja.

En este momento, La Habana es una ciudad en ebullición donde los andamios y las calles levantadas van dejando paso a preciosas zonas de paseo para disfrute no solo de los turistas, sino también de los propios habaneros, que o bien abren negocios, o bien disfrutan allí sus momentos de ocio, convirtiendo calles como Amargura en un hervidero de actividad.

La apertura de nuevos negocios (restaurantes, tiendas de arte, centros de tatuaje, pequeños estudios de artistas, cuidadas terrazas) ha aportado a la zona un toque cool que antes no existía.

Pasear por Amargura es lo más parecido a entrar en una fotografía antigua de color sepia, entre edificios color pastel y coches antiguos.

Esta evocadora decadencia la convierte en un caramelo para fotógrafos, aunque no está, ni mucho menos, muerta. Si se pasea de noche se puede ver a sus vecinos bailando al son de la radio y jugando al dominó. Para el turista que visita la capital cubana Amargura resulta imprescindible.

Caminar por la calle Amargura es electrizante, e inunda todos tus sentidos: el olor a cigarro habano acecha en cada esquina, el olor del mar Caribe que se esconde cerca, el sonido de la música en vivo que empapa la ciudad desde horas tempranas de la mañana.

Amargura es un bulevar, repleto de comercios que van desde mercados, restaurantes y bares de exuberante ambiente musical hasta ferias de artesanos, farmacias, tiendas de suvenires, librerías, bibliotecas, centros culturales y museos.

Recientemente restaurada por la Oficina del Historiador de la Ciudad, Amargura lleva siendo una de las principales calles de compras de La Habana desde que fue diseñada en 1669.

Plaza del Cristo en La Habana

Edificios de la Plaza del Cristo (Foto: Francis Mariani bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

Empieza en la Plaza de San Francisco y termina en la del Cristo, frente a la puerta principal de la iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje.

Desde el siglo XVII los habaneros asumieron como costumbre celebrar la Semana Santa con un Vía Crucis que salía los viernes de Cuaresma desde la Iglesia y Convento de San Francisco. La procesión atravesaba la plaza homónima y se adentraba en Amargura, para recorrerla de este a oeste.

Esa veneración a la pasión y sufrimiento de Jesucristo culminaba en la Iglesia del Santo Cristo del Buen Viaje y se extendió hasta bien entrado el siglo XIX.

A lo largo del periplo, los peregrinos realizaban varias paradas y, entre cánticos y rezos, marchaban en sentida ceremonia hacia la iglesia de destino. Se dice que las estaciones estaban marcadas por cruces verdes que distaban cerca de 200 metros una de otra, en torno a las que se reunían los feligreses para escuchar la lectura correspondiente.

En la esquina de Amargura y Mercaderes, donde se encuentra emplazado el actual Museo del Chocolate, sobresale una persistente cruz que evoca aquellos tiempos.

Museo del Chocolate (Foto: lezumbalaberenjena bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

Museo del Chocolate (Foto: lezumbalaberenjena bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

En la esquina con San Ignacio destaca la fachada barroca del Hotel Raquel, construido a inicios del pasado siglo y de estilo Art Nouveau en su ornamento interno.

En esta calle se mezclan los estilos arquitectónicos colonial y neoclásico, respondiendo a que esta zona de La Habana es testimonio de épocas diversas.

Tal riqueza histórica, desde la corona española, las influencias británica y francesa y posteriormente el período de intervención norteamericana, comenzó a rescatarse desde la década de los 90, gracias al trabajo de la Oficina del Historiador de la Ciudad.

Como tantas otras calles de la ciudad, su nombre ha ido cambiando según el momento histórico.

En los primeros años de creada la vía, entre los siglos XVI y XVII, se le llamó Calle del Humilladero. Cuando comenzó la tradición del Vía Crucis, ante la proliferación de las cruces verdes en las esquinas que anunciaban las estaciones, los habaneros comenzaron a nombrarla Calle de la Cruz Verde.

Se denominó De las Piadosas Mujeres, por unas beatas, Doña Josefa y Doña Petrona Urrutia, que los viernes alumbraban un Custodio que tenían, y también porque la cruz existente en la esquina de Aguacate y Compostela correspondía a la estación de las mujeres piadosas que salieron a consolar a Jesucristo.

Al erigirse el convento de San Agustín, la calle también adoptó ese nombre. Posteriormente se le llamó “Bernaza”, por un famoso panadero que tenía su negocio allí. Luego se nombró Marta Abreu, en homenaje a una patriota cubana decimonónica y, ante la posibilidad de que Gabriel de la Concepción Valdés, apodado “Plácido”, uno de los mayores poetas cubanos del siglo XIX hubiese nacido en sus predios, se le comenzó a conocer de ese modo.

Sin embargo, el nombre Amargura siempre estuvo latente entre los habitantes, que nunca renunciaron a llamarle así. Nada pudo frenar la fuerza de la tradición.

Caminar por este museo de costumbres al aire libre merece la pena. Amargura es un buen sitio para ver la cara B de la ciudad, aquella que necesita urgentemente reformas para que no se caiga a pedazos pero así es La Habana, un lugar donde puedes ver monumentos y construcciones espectaculares, al lado de edificios donde uno se pregunta como es posible que puedan vivir personas allí dentro.

Se trata de un recorrido bullicioso donde vienen y van turistas y lugareños, más que mirando escaparates, mirándose y dejándose ver, parados en una esquina, sentados en un poyete comiendo pizza o un helado mientras suena la música de algún grupo ambulante.

Los músicos, que aparecen de tanto en tanto en los cafés al aire libre de la callejuela, refrescan el ambiente con sus guitaras al ritmo del son más autóctono. Desde las mesas se siente la brisa fresca de la bahía y los mojitos bien fríos nos ayudan a sumergirnos en la historia del angosto lugar.

En la esquina de Amargura y la Calle de los Oficios se localiza el Café del Oriente, elegante restaurante habanero que fuera visitado y alabado en 1999 por la Reina Sofía.

Cafe del Oriente, La Habana Vieja

Interior del Café del Oriente

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Sobre el autor

Apasionado de internet y de los geniales rincones que ofrece la ciudad de La Habana. Mi objetivo es compartir con vosotros mi inquietud por descubrir lugares y personas especiales.



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