Calle Compostela, La Habana Vieja, La Habana, Cuba

Fachadas de edificios en la Calle Compostela, La Habana Vieja

Fachadas de edificios en la Calle Compostela, La Habana Vieja (Foto: Luis Alveart bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

Compostela es una de las calles más emblemáticas y concurridas de La Habana Vieja. Es una de las zonas más comerciales de la ciudad y siempre está llena de gente de todas las edades, por lo que es un gran lugar para experimentar la atmósfera incomparable de La Habana Vieja.

Pasear por Compostela es lo más parecido a entrar en una fotografía antigua de color sepia, entre edificios color pastel y coches antiguos.

Esta evocadora decadencia la convierte en un caramelo para fotógrafos, aunque no está, ni mucho menos, muerta. Si se pasea de noche se puede ver a sus vecinos bailando al son de la radio y jugando al dominó. Para el turista que visita la capital cubana Compostela resulta imprescindible.

La calle comienza inicia en la Plazuela del Ángel, justo delante de la iglesia del Santo Ángel Custodio, en la intersección con la calle Cuarteles.

Las 21 manzanas que conforman Compostela la convierten en una de las arterias de mayor extensión en la parte antigua, con una disposición de norte a sur.

Entre las principales intersecciones que acoge, se encuentran Empedrado, Obrapía u Obra PíaO’Reilly, Lamparilla, Teniente Rey, Muralla y Paula, hoy Leonor Pérez.

Compostela es estrecha y se encuentra repleta de galerías de arte, tiendas, bancos, museos, farmacias, lugares para sentarse a comer y bares musicales.

En esta calle se mezclan los estilos arquitectónicos colonial y neoclásico, respondiendo a que esta zona de La Habana es testimonio de épocas diversas.

Tal riqueza histórica, desde la corona española, las influencias británica y francesa y posteriormente el período de intervención norteamericana, comenzó a rescatarse desde la década de los 90, gracias al trabajo de la Oficina del Historiador de la Ciudad.

Antes de denominarse del modo actual Compostela fue conocida de otras formas. Se le llamó durante los siglos XVI y XVII calle de San Diego, por la existencia allí de una antigua ermita consagrada a San Diego de Alcalá.

Sin embargo, el nombre definitivo rinde tributo al obispo Diego Avelino de Compostela y Vélez, fallecido en 1704, quien creó justo en esa vía dos conventos, dos iglesias y una ermita. Hasta el presente, la iglesia y convento de Belén que descubrimos al llegar a la calle Luz y hasta Acosta, es reconocida por muchos como el sector de mayor importancia en todo el trayecto.

Con el transcurso de los años, en Compostela comenzaron a levantarse algunas de las construcciones que vemos hoy y que van otorgándole mayor importancia aún. Resaltan entre ellas la iglesia del Espíritu Santo, la iglesia y hospital de San Francisco de Paula, la iglesia y hospital de San Isidro, los cuarteles de Infantería y de Artillería, y la tristemente famosa Casa de Recogidas, donde las autoridades recluían a las “mujeres de mala vida”.

Donde se cruza la calle Acosta con la calle Compostela un arco sorprende nuestra mirada, es el Arco de Belén y une ambos lados de la calle, dando paso a una edificación en su parte superior que a pesar del tiempo deja entrever la elegancia que lució días distantes.

Marcado con el número 906, nos topamos con el Archivo Nacional de Cuba, donde se conserva parte imprescindible de la historia Cuba.

En el tramo final de Compostela, varios sitios interesantes esperan también al visitante curioso: los restos de la muralla de La Habanala casa natal de José Martíla Alameda y la iglesia de Paula.

Caminar por este museo de costumbres al aire libre merece la pena. Compostela es un buen sitio para ver la cara B de la ciudad, aquella que necesita urgentemente reformas para que no se caiga a pedazos pero así es La Habana, un lugar donde puedes ver monumentos y construcciones espectaculares, al lado de edificios donde uno se pregunta como es posible que puedan vivir personas allí dentro.

Se trata de un recorrido bullicioso donde vienen y van turistas y lugareños, más que mirando escaparates, mirándose y dejándose ver, parados en una esquina, sentados en un poyete comiendo pizza o un helado mientras suena la música de algún grupo ambulante.

Los músicos, que aparecen de tanto en tanto en los cafés al aire libre de la callejuela, refrescan el ambiente con sus guitaras al ritmo del son más autóctono. Desde las mesas se siente la brisa fresca de la bahía y los mojitos bien fríos nos ayudan a sumergirnos en la historia del angosto lugar.

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Sobre el autor

Apasionado de internet y de los geniales rincones que ofrece la ciudad de La Habana. Mi objetivo es compartir con vosotros mi inquietud por descubrir lugares y personas especiales.



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