Calle de San Ignacio, La Habana Vieja, La Habana, Cuba

Calle de San Ignacio La Habana Vieja La Habana Cuba

Calle de San Ignacio (Foto: Robert Easton bajo lic. CC BY-NC 2.0)

El camino desde la Calle Chacón a la Alameda de Paula por la Calle de San Ignacio, se ha convertido en un bullicioso paseo de barrio con todo el sabor caribeño: peluquerías para clásicos y modernos, academias de salsa que imparten sus clases con los ventanales abiertos a la calle, improvisados mercadillos en portales o patios de vecinos donde pueden encontrarse desde postales antiguas o viejos cómics hasta los muñequitos de plástico más frikis.

San Ignacio fue diseñada en 1690 y su distribución ha variado muy poco desde entonces. Las edificaciones no tienen más de tres o cuatro alturas, las suficientes para resguardar de la luz del sol a casi cualquier hora del día.

San Ignacio es estrecha y peatonal, y se encuentra repleta de galerías de arte, tiendas, bancos, museos, farmacias, lugares para sentarse a comer y bares musicales.

Caminar por la calle de San Ignacio es electrizante, e inunda todos tus sentidos: el olor a cigarro habano acecha en cada esquina, el olor del mar Caribe que se esconde cerca, el sonido de la música en vivo que empapa la ciudad desde horas tempranas de la mañana.

Se trata de un recorrido bullicioso donde vienen y van turistas y lugareños, más que mirando escaparates, mirándose y dejándose ver, parados en una esquina, sentados en un poyete comiendo pizza o un helado mientras suena la música de algún grupo ambulante.

Pasear por San Ignacio es lo más parecido a entrar en una fotografía antigua de color sepia, entre edificios color pastel y coches antiguos.

Esta evocadora decadencia la convierte en un caramelo para fotógrafos, aunque no está, ni mucho menos, muerta. Si se pasea de noche se puede ver a sus vecinos bailando al son de la radio y jugando al dominó. Para el turista que visita la capital cubana San Ignacio resulta imprescindible.

balcon de la calle de san ignacio

Balcón en la Calle de San Ignacio (Foto: Chrisowenrichards bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

En esta calle se mezclan los estilos arquitectónicos colonial y neoclásico, respondiendo a que esta zona de La Habana es testimonio de épocas diversas. Es una joya histórica por el conjunto de edificaciones que la conforman.

Suntuosos palacios del siglo XVIII como el Museo de Arte Colonial y su impresionante colección o el restaurante El Patio, ubicados en la Plaza de la Catedral. Combinación de elegantes edificios del XIX y el XX que hacen alarde de códigos formales de cada época.

Son varios los espacios que hallarás durante el andar. Entre tanta admiración conserva en la Plaza de la Catedral un pequeño tiempo para conocer el Taller Experimental de Gráfica en el Callejón del Chorro, lugar de artistas que crean in situ ante la contemplación de los interesados.

Por San Ignacio transitan habaneros de todo tipo: niños con uniformes escolares, ancianos sentados al umbral de las puertas o con sus jabas de compras, vendedores pregonando viandas y frutas, lavanderas que repletan los balcones de ropas coloridas y otros tantos que constantemente la atraviesan de una lado a otro.

O’Reilly posee un encanto particular. Vendedores ambulantes, grafitis, talleres, galerías y nuevos emprendimientos gastronómicos confieren a esta calle un toque rocambolesco.

Podrás escoger lo mismo un restaurante tradicional como La Moneda Cubana, que uno de  cocina de autor, El Santo Angel.

Paladar La Moneda Cubana en la Calle de San Ignacio

La Moneda Cubana, uno de los paladares de San Ignacio (Foto: Roofofeurope bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

Aquí se puede comprar refrigerios por doquier, particularmente “fast-food” criolla en paladares y cafeterías, así como pizzas baratas, con mucha harina y poco tomate.

Muy cerca del boulevard de Obispo, el Café París propone ligeras ofertas gastronómicas con excelente música tradicional cubana en vivo.

San Ignacio es lo más parecido a ese túnel del tiempo que es la capital de Cuba, un viaje a nuestro pasado más inmediato, a la era de las reparaciones y la de los talleres de objetos cotidianos, a una ciudad en la que todo se arregla una y otra vez, hasta el infinito: los relojes de pulsera, las gafas (los espejuelos, dicen los habaneros), las radios, las bicicletas…

Pasear por este museo de costumbres al aire libre merece la pena. San Ignacio es un buen sitio para ver la cara B de la ciudad, aquella que necesita urgentemente reformas para que no se caiga a pedazos pero así es La Habana, un lugar donde puedes ver monumentos y construcciones espectaculares, al lado de edificios donde uno se pregunta como es posible que puedan vivir personas allí dentro.

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Sobre el autor

Apasionado de internet y de los geniales rincones que ofrece la ciudad de La Habana. Mi objetivo es compartir con vosotros mi inquietud por descubrir lugares y personas especiales.



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