Calle Infanta, Centro Habana, La Habana, Cuba

Calle Infanta, Centro Habana, La Habana, Cuba

Calle Infanta (Foto: Amy Goodman bajo lic. CC BY-NC 2.0)

Pasear por Infanta es lo más parecido a entrar en una fotografía antigua de color sepia, entre edificios color pastel y coches antiguos.

Esta calle, como muchas partes de La Habana, pulsó el botón de pausa en los años 50 y se despertó sin una sola cana.

Esta evocadora decadencia la convierte en un caramelo para fotógrafos, aunque no está, ni mucho menos, muerta. Si se pasea de noche se puede ver a sus vecinos bailando al son de la radio y jugando al dominó.

Infanta es uno de esos lugares del pasado en medio de la ciudad que parece mentira que hayan sobrevivido a los envites del progreso. Un sitio que nos recuerda porque la capital de Cuba no pertenece al mundo real, es un punto y aparte de todo.

Por Infanta transitan habaneros de todo tipo: niños con uniformes escolares, ancianos sentados al umbral de las puertas o con sus jabas de compras, vendedores pregonando viandas y frutas, lavanderas que repletan los balcones de ropas coloridas y otros tantos que constantemente la atraviesan de una lado a otro.

Sus otrora hermosas fachadas esperan pacientemente una necesaria y merecida restauración que les devuelva su pasado esplendor. Subir o bajar por la Calle Infanta es algo imprescindible si se visita La Habana.

Infanta destaca por su antigüedad, por su contenido histórico, y por ser uno de los sitios arquitectónicamente más eclécticos de La Habana, donde el Barroco colonial confluye en armonía y complementariedad con el Modernismo y el Art Deco.

Por lo general, casi todas las edificicaciones carecen de portales y llenan casi todo el espacio alrededor de la vía, en marcado reflejo de la arquitectura colonial, la ecléctica y la gran densidad poblacional de la zona.

El paseo por Infanta nos conduce por una avenida de doble vía, con abundante circulación vehicular que se va adentrando en la parte antigua de la ciudad, despoblada de vegetación o espacios de sombra. A ambos lados coexisten edificaciones de diversos estilos arquitectónicos, que evidentemente representan el paulatino crecimiento de la ciudad, su vejez y un poco de descuido.

Infanta no está hecha para el tráfico de gente, no hay pasos ni semáforos peatonales. Y es que esta calle, sobre todo en el tramo que va desde San Lázaro hasta Carlos III, no es fácil de cruzar. Así que mucho ojo, mira bien para los dos lados antes de cruzar y no esperes a que esté vacía, porque nunca lo estará.

Recorrer Infanta de noche es grato, si uno no va muy lejos y no es muy tarde. De día, la calle Infanta es una tortura de calor agobiante al no encontrarse sombra en ningún lugar.

Aquí se puede comprar refrigerios por doquier, particularmente “fast-food” criolla en paladares y cafeterías, así como pizzas baratas, con mucha harina y poco tomate.

Pasear por este museo de costumbres al aire libre merece la pena. Infanta es un buen sitio para ver la cara B de la ciudad, aquella que necesita urgentemente reformas para que no se caiga a pedazos pero así es La Habana, un lugar donde puedes ver monumentos y construcciones espectaculares, como el Capitolio, al lado de edificios donde uno se pregunta como es posible que puedan vivir personas allí dentro.

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Sobre el autor

Apasionado de internet y de los geniales rincones que ofrece la ciudad de La Habana. Mi objetivo es compartir con vosotros mi inquietud por descubrir lugares y personas especiales.



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