Calle Mercaderes, La Habana Vieja, La Habana, Cuba

La Armería 9 de Abril (Foto: Guillaume Baviere bajo lic. CC BY 2.0)

La Armería 9 de Abril (Foto: Guillaume Baviere bajo lic. CC BY 2.0)

En este momento, La Habana es una ciudad en ebullición donde los andamios y las calles levantadas van dejando paso a preciosas zonas de paseo para disfrute no solo de los turistas, sino también de los propios habaneros, que o bien abren negocios, o bien disfrutan allí sus momentos de ocio, convirtiendo calles como Mercaderes en un hervidero de actividad.

La apertura de nuevos negocios (restaurantes, tiendas de arte, centros de tatuaje, pequeños estudios de artistas, cuidadas terrazas) ha aportado a la zona un toque cool que antes no existía.

Mercaderes es una de las calles más concurridas de La Habana Vieja, soló superada por Obispo. Adoquinada, estrecha y libre de coches, Mercaderes discurre en paralelo a la Avenida del Puerto, uniendo la Plaza de la Catedral con la hermosa Plaza Vieja.

Recientemente restaurada por la Oficina del Historiador de la Ciudad, Mercaderes lleva siendo una de las principales calles de compras de La Habana desde el siglo XVIII.

Sobre ella, escribió en 1761 el historiador José Martín Félix de Arrate:

“Algunas de las calles de La Habana no tienen nombre, pero entre todas, la más nombrada es la de Mercaderes (…) siendo su extensión de cuatro cuadras, y por una y otra acera están repartidas las tiendas de mercaderías, en que se halla lo más precioso de los tejidos de lana, lino, seda, plata y oro y otras bujerías (…) las que atraen mucho concurso a este paraje.”

Es una de las calles más completas de la ciudad, con hoteles, museos, galerías, tiendas e incluso un cine educativo y un taller que fabrica papel de forma artesanal.

La Mercaderes, como sus paralelas o su gemela Obrapía, es lo más parecido a ese túnel del tiempo que es la capital, un viaje a nuestro pasado más inmediato, a la era de las reparaciones y la de los talleres de objetos cotidianos, a una ciudad en la que todo se arregla una y otra vez, hasta el infinito: los relojes, las gafas (los espejuelos, dicen los habaneros), las radios, los teléfonos móviles…

En el trazado de la calle se alternan numerosas tiendas, hoteles, restaurantes, museos y otros lugares de interés, como El Taberna, el café más antiguo de la ciudad. Fundado en 1772, en la actualidad está dedicado a Benny Moré, uno de los más grandes músicos cubanos de todos los tiempos y cliente asiduo del establecimiento.

Museo de Simón Bolívar, situado en la Calle Mercaderes (Foto: Oficina del Historiador de la Ciudad)

Museo de Simón Bolívar, situado en la Calle Mercaderes (Foto: Oficina del Historiador de la Ciudad)

La mayoría de los museos son gratuitos, incluyendo la Casa de Asia, que muestra pinturas y esculturas procedentes de China y Japón; la Armería 9 de abril, una antigua tienda de armas (hoy museo) que fue asaltada por los revolucionarios cubanos en 1958; y el Museo de Bomberos, que exhibe antediluvianos equipos contra incendios, uniformes, cascos y otros objetos utilizados por los cuerpos de bomberos de la ciudad, desde finales del siglo XIX hasta la actualidad. También ofrece un homenaje a los 19 bomberos que perdieron la vida en el incendio de la ferretería de Isasi (situada entre Mercaderes y Lamparilla) de 1890, una tragedia que conmocionó a la sociedad habanera de la época.

Entre las calles O’Reilly y Empedrado se encuentra el Mural de las Personalidades. La obra está frente a una antigua edificación. Como un espejo, reproduce la fachada de lo que fuera el Palacio del Marqués de Arcos, una casona colonial que fue sede del Liceo Artístico y Literario de La Habana a mediados del siglo XIX.

A pocos metros de Mercaderes bajando por Obrapía, merece la pena visitar la Casa de África, que alberga objetos relacionados con la Santería y los fondos de la importante colección sobre cultura afrocubana del etnógrafo Fernando Ortíz.

Estatua de bronce de Simón Bolívar en la esquina de Mercaderes y Obrapía

Estatua de bronce de Simón Bolívar en la esquina de Mercaderes y Obrapía

La esquina de Mercaderes con Obrapía tiene un sabor internacional, con una estatua de bronce de Simón Bolívar, el libertador de América Latina, y justo enfrente el Museo de Simón Bolívar, dedicado a su trayectoria personal y política.

Justo enfrente se encuentra la Casa de la Obra Pía, que desde 1994 acoge la Hermandad de Bordadoras y Tejedoras de Belén, una cooperativa de integración sociolaboral de costura y bordado, con un taller y una pequeña tienda que vende ropa y tejidos.

La Casa de México Benito Juárez, exhibe arte popular mexicano y dispone de una completa biblioteca sobre Juárez, el primer presidente indígena de México.

Si continuamos andando hacia el este, nos encontraremos con el antiguo estudio del gran artista ecuatoriano Oswaldo Guayasamin (que pintó a Fidel Castro en numerosas poses), convertido por la Oficina del Historiador de La Habana en la Casa Museo Oswaldo Guayasamín en 1992.

A los amantes de las miniaturas les encantará la Maqueta de la Habana, una réplica de la ciudad a escala 1:500. Sus creadores fueron el topógrafo Orlando Martorell y su esposa, los cuales dedicaron 3 intensos años a esta obra. La maqueta es actualizada constantemente y ofrece un extraordinario nivel de detalle sobre las edificaciones del núcleo antiguo de La Habana.

El Museo del Tabaco (también conocido como el Museo del Habano) se encuentra en un bonito palacio del número 120 de la calle Mercaderes y es la institución cubana más importante dedicada a preservar la cultura del tabaco. El centro también alberga la Casa del Habano, un lugar que cualquier fumador que se precie no debe pasar por alto si lo que quiere es adquirir buenos puros.

Habana 1791 o Museo del Perfume

Habana 1791 o Museo del Perfume (Foto: Carlos Reusser Monsalvez bajo lic. CC BY 2.0)

Mercaderes también se caracteriza por sus cuidadosamente restauradas tiendas centenarias, entre las que destacamos Habana 1791 (establecimiento también conocido como el Museo del Perfume), en el que se elaboran fragancias mediante procesos de destilación artesanal de plantas aromáticas tropicales y La Casa de las Especias de Marco Polo, un magnífico almacén donde se venden, a muy buen precio, especias procedentes de todo el mundo.

Además hay atracciones como el Cinematógrafo Lumière, el Planetario, el apacible Jardín Ecológico Hans Christian Andersen, y el Parque Rumiñahui, cuyo centro está ocupado por la escultura homónima del artista ecuatoriano Oswaldo Guayasamín.

Entremezclados con los museos, tiendas y restaurantes, también hay proyectos sociales que tienen un gran impacto en el día a día de los habaneros, como una maternidad o una cooperativa de artesanos.

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Sobre el autor

Apasionado de internet y de los geniales rincones que ofrece la ciudad de La Habana. Mi objetivo es compartir con vosotros mi inquietud por descubrir lugares y personas especiales.



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