Destinos Calle Obra Pía, La Habana Vieja, La Habana, Cuba

Publicado el octubre 15th, 2018 | por David Giménez

Calle Obra Pía, La Habana Vieja, La Habana, Cuba

Ubicada apenas a una manzana al norte de el populoso bulevar de Obispo, la calle Obra Pía (declinada en “Obrapía”, debido a la praxis popular de la lengua) se extiende de este a oeste, desde Monserrate hasta la Avenida del Puerto, y está atravesada por conocidas y vetustas arterias de La Habana Vieja, como Aguacate, Compostela, Habana, Cuba, Mercaderes, Oficios y San Ignacio.

Obra Pía fue diseñada en 1669 y su distribución ha variado muy poco desde entonces. Las edificaciones no tienen más de tres o cuatro alturas, las suficientes para resguardar de la luz del sol a casi cualquier hora del día.

Es una de las zonas más comerciales de la ciudad y siempre está llena de gente de todas las edades, por lo que es un gran lugar para experimentar la atmósfera incomparable de La Habana Vieja.

Caminar por la calle Obra Pía es electrizante, e inunda todos tus sentidos: el olor a cigarro habano acecha en cada esquina, el olor del mar Caribe que se esconde cerca, el sonido de la música en vivo que empapa la ciudad desde horas tempranas de la mañana.

Placa con el nombre de la calle Obrapía

Placa con el nombre de la calle Obrapía (Foto: Francis Mariani bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

Como tantas otras calles de la ciudad, su nombre ha ido cambiando según el momento histórico, hasta que en los años treinta del siglo pasado, recuperó su nombre original.

Obra Pía es estrecha y peatonal, y se encuentra repleta de galerías de arte, tiendas, bancos, museos, farmacias, lugares para sentarse a comer y bares musicales.

En Obra Pía, esquina a Mercaderes, la casona que da nombre a la calle es un deslumbrante ejemplo de las construcciones domésticas habaneras del siglo XVII. Debe su nombre a la obra piadosa a la que se dedicó el edificio durante siglos y que consistía en acoger a huérfanos desamparados.

Rica en detalles de la época, esta casa es un manual de arquitectura barroca cubana y rápidamente nos traslada al ambiente de las típicas mansiones propiedad de los ricos aristócratas habaneros de la época colonial.

La fachada exterior de la casa cuenta con una profusa decoración tallada en roca extraida de las cercanas canteras de San Lázaro y un exuberante pórtico bárroco elaborado en Cádiz y traído a La Habana en 1686.

En Obra Pía 172, esquina a San Ignacio, encontramos la Casa del Capitán Don Gaspar Rivero de Vasconcelos. Está considerada entre las más longevas que aún se mantienen en pie de la extinta ciudad de intramuros. Se distingue por el hermoso balcón corrido, esquinero, que corresponde a la planta alta con torre o cuarto mirador. El patio interior de la residencia adquiere dimensiones notables en comparación con ejemplos anteriores en el tiempo.

También sugerimos visitar la Casa Benito Juárez (Obra Pía 116) que, además de su impactante diseño, alberga uno de los principales centros difusores de la historia y la cultura mexicana en Cuba. La institución fue creada a partir de donaciones del pueblo mexicano, por mediación de destacadas personalidades y del propio gobierno.

Casa del Benemérito de las Américas Benito Juárez

Casa del Benemérito de las Américas Benito Juárez (Obra Pía 116)

Caminando desde la mítica Obra Pía hasta la Casa Oswaldo Guayasamín (Obra Pía 111) y la Casa de África (Obra Pía 157), uno se encuentra de repente inmerso en lo que podría equivaler a la típica calle comercial de cualquier pequeña ciudad, con la particularidad de que la más humilde de las tiendas puede ser una espectacular obra arquitectónica con detalles modernistas o preciosas tipografías antiguas.

Interior de la Casa Museo Oswaldo Guayasamín

Exposición permanente de la Casa Museo Oswaldo Guayasamín (Obra Pía 111)

Pasear por la calle Obra Pía te sorprende el abigarrado colorido, la simpática vitalidad, la gracia expansiva de los habaneros —siempre lo mejor de lo mejor— y los sones contagiosos de cualquier orquesta que suena a alegre y soñador Caribe.

Se trata de un recorrido bullicioso donde vienen y van turistas y lugareños, más que mirando escaparates, mirándose y dejándose ver, parados en una esquina, sentados en un poyete comiendo pizza o un helado mientras suena la música de algún grupo ambulante.

Los músicos, que aparecen de tanto en tanto en los cafés al aire libre de la callejuela, refrescan el ambiente con sus guitaras al ritmo del son más autóctono. Desde las mesas se siente la brisa fresca de la bahía y los mojitos bien fríos nos ayudan a sumergirnos en la historia del angosto lugar.

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Sobre el autor

Apasionado de internet y de los geniales rincones que ofrece la ciudad de La Habana. Mi objetivo es compartir con vosotros mi inquietud por descubrir lugares y personas especiales.



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