Calle Reina, Centro Habana, La Habana, Cuba

Los Almacenes Ultra en Calle Reina (Foto: Male Gringo bajo lic. CC BY-NC 2.0)

Los Almacenes Ultra en Calle Reina (Foto: Male Gringo bajo lic. CC BY-NC 2.0)

Pasear por la Calle Reina (oficialmente Avenida Bolívar)  es lo más parecido a entrar en una fotografía antigua de color sepia, entre edificios color pastel y coches antiguos.

Esta evocadora decadencia la convierte en un caramelo para fotógrafos, aunque no está, ni mucho menos, muerta. Si se pasea de noche se puede ver a sus vecinos bailando al son de la radio y jugando al dominó. Para el turista que visita la capital cubana Reina resulta imprescindible.

La animada Calle Reina se extiende por más de 10 cuadras, desde la Calle Amistad, donde se levanta el Palacio de Aldama, hasta la calzada de Félix Varela, más conocida como Belascoaín. Conecta lo viejo y lo nuevo, la modernidad con la tradición y sirve de puente entre la amplitud de la Avenida Carlos III y las estrechas calles que serpentean hacia lo más antiguo de la ciudad.

Es uno de esos lugares del pasado en medio de la ciudad que parece mentira que hayan sobrevivido a los envites del progreso. Un sitio que nos recuerda porque la capital de Cuba no pertenece al mundo real, es un punto y aparte de todo.

En sus orígenes era conocido como Camino de San Antonio el Chiquito, por conducir al ingenio azucarero de igual nombre. También se le llamaba Camino de San Luis Gonzaga, por la ermita homónima que se ubicaba antiguamente entre Belascoaín y Carlos III.

Más adelante, los habaneros comenzaron a llamar a la esquina de Reina con Águila “El Mentidero“. El espacio era una especie de “Speakers’ Corner”, en el que se permitía hablar en público a cualquier persona sobre casi cualquier tema y al que la gente acudía para escuchar, aplaudir o abuchear. Aunque la mayoría de los oradores eran desconocidos, el sitio también era frecuentado por políticos de la época.

Su surgimiento se remonta a mediados del siglo XIX, después de construida la Avenida Carlos III. Resulta que para llegar a la glamorosa avenida se hacía necesario establecer una ruta que no desluciera, que estuviera a tono y recorriera el desnivelado camino que iniciaba en el Campo de Marte, hoy Parque de la Fraternidad.

 Las hermosas fachadas de la Calle Reina esperan pacientemente una merecida restauración

Las hermosas fachadas de la Calle Reina esperan una merecida restauración (Foto: Ryan bajo lic. CC BY 2.0)

Fue así que se decidió hacer un terraplén que incluía puentes para dar tránsito a varias de las calles aledañas como Lealtad y Campanario. Al frente de las obras estuvo el jefe de ingenieros del ejército español Manuel Pastor. En ellas trabajaron unos mil trabajadores.

Terminada de construir en 1844, se le bautizó con el nombre de calle “de la Reina”, en honor a su majestad española Isabel II. En 1918 se le cambió el nombre por el de Avenida Simón Bolívar, una de las figuras más destacadas de la emancipación americana frente al imperio español.

Según el militar e historiador Jacobo de la Pezuela, en 1863 Reina “era la más regular y amplia de las vías de la capital, tenía 1,140 varas castellanas de largo (943 metros) por 50 de ancho (42 metros) y estaba dividida por dos hileras de árboles en tres vías, de las cuales la central tenía pavimento de Calzada. A ambos lados había casas residenciales de dos y tres plantas pero sin los portales de Galiano.”

Sus otrora hermosas fachadas esperan pacientemente una necesaria y merecida restauración que les devuelva su pasado esplendor. Y aunque no es época de reyes ni reinas, subir o bajar por la Calle Reina es algo imprescindible si se visita La Habana.

Reina destaca por su antigüedad, por su contenido histórico, y por ser uno de los sitios arquitectónicamente más eclécticos de La Habana, donde el Barroco colonial confluye en armonía y complementariedad con el Modernismo y el Art Deco.

En una punta se encuentra el Palacio de Aldama, considerado el máximo exponente del estilo neoclásico en Cuba y la obra arquitectónica más valiosa que se erigió en La Habana durante el siglo XIX. Está hecho en piedra de cantería con una imponente fachada, bella y sobria, interiores con techos ornamentados, delicados frisos, audaces trabajos de carpintería y una maravillosa escalera principal con bloques enterizos de mármol de Carrara, que se complementa con lujosas barandas y adornos de bronce.

En 1902 se instauró la República, y con ella la intención de renovar los cánones arquitectónicos cubanos. Este periodo coincidió con la llegada a la isla de un gran número de emigrantes catalanes, que trajeron consigo el estilo constructivo de moda en Europa: el Modernismo o Art Nouveau. El nuevo estilo empezó a desarrollarse en La Habana en los últimos años de la década de 1900 y tuvo una fuerte influencia en las artes aplicadas locales, muchas de ellas en manos de propietarios de origen catalán.

Dos de las obras cumbre del Modernismo o Art Nouveau en La Habana se encuentran en la calle Reina, la antigua sede del Cetro de Oro y la Casa Crusellas.

Entre Gervasio y Belascoaín se encuentra la Iglesia del Sagrado Corazón, un bello edificio de estilo neogótico construido entre 1914 y 1923 por el arquitecto jesuita Luis Gogorza.

Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús y San Ignacio de Loyola en La Habana

Iglesia del Sagrado Corazón de Jesús y San Ignacio de Loyola (Foto: lezumbalaberenjena bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

Conocida por muchos como la Iglesia de Reina, es la construcción religiosa más alta de Cuba y su torre de 77 metros, rematada por la cruz de bronce, se eleva armónicamente en medio del paisaje urbano habanero.

Reina es también donde se encuentran algunos de los mejores exponentes de la arquitectura Art Deco en La Habana, como los Almacenes Ultra, la antigua sede del Periódico El País, los cines Reina y Cuba o la popular Ferretería de José Feíto y de su cuñado Nicolás Cabezón, que aún es llamada por los habaneros “Feíto y Cabezón”.

Según el investigador cubano Ciro Bianchi, en 1958 Reina ostentaba 17 tiendas, 13 joyerías, diez peleterías, seis casas de venta de efectos electrodomésticos, dos mueblerías, una locería, una colchonería y tres sastrerías.

En la actualidad la calle Reina es lo más parecido a ese túnel del tiempo que es la capital de Cuba, un viaje a nuestro pasado más inmediato, a la era de las reparaciones y la de los talleres de objetos cotidianos, a una ciudad en la que todo se arregla una y otra vez, hasta el infinito: los relojes de pulsera, las gafas (los espejuelos, dicen los habaneros), las radios, las bicicletas…

Caminar por este museo de costumbres al aire libre merece la pena. Reina es un buen sitio para ver la cara B de la ciudad, aquella que necesita urgentemente reformas para que no se caiga a pedazos pero así es La Habana, un lugar donde puedes ver monumentos y construcciones espectaculares, como el Capitolio, al lado de edificios donde uno se pregunta como es posible que puedan vivir personas allí dentro.

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Sobre el autor

Apasionado de internet y de los geniales rincones que ofrece la ciudad de La Habana. Mi objetivo es compartir con vosotros mi inquietud por descubrir lugares y personas especiales.



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