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Publicado el enero 9th, 2018 | por David Giménez

Calle Tacón, La Habana Vieja, La Habana, Cuba

Esta calle, como muchas partes de La Habana, pulsó el botón de pausa en los años 50 y se despertó sin una sola cana.

Es uno de esos lugares del pasado en medio de la ciudad que parece mentira que hayan sobrevivido a los envites del progreso. Un sitio que nos recuerda porque la capital de Cuba no pertenece al mundo real, es un punto y aparte de todo.

En este momento, La Habana es una ciudad en ebullición donde los andamios y las calles levantadas van dejando paso a preciosas zonas de paseo para disfrute no solo de los turistas, sino también de los propios habaneros, que o bien abren negocios, o bien disfrutan allí sus momentos de ocio, convirtiendo calles como Tacón en un hervidero de actividad.

Caminando por la calle Tacón, uno se encuentra de repente inmerso en lo que podría equivaler a la típica calle comercial de cualquier pequeña ciudad, con la particularidad de que la más humilde de las tiendas puede ser una espectacular obra arquitectónica con detalles modernistas o preciosas tipografías antiguas.

La apertura de nuevos restaurantes, tiendas de arte, centros de tatuaje, pequeños estudios de artistas o cuidadas terrazas ha aportado a la zona un toque cool que antes no existía.

Tacón nace en la Plaza de Armas, pasa por innumerables viviendas y otras instalaciones coloniales, y termina en la calle Cuba.

Tacón es una de esas vías que ha sobrevivido al tiempo y que se creó casi con La Habana misma, con su desarrollo y expansión.

Como tantas otras calles de la ciudad, su nombre ha ido cambiando según el momento histórico. Primero Roosevelt a inicios del siglo XX y Manuel Sanguily a partir de la época revolucionaria. Sin embargo, casi todo el mundo la sigue conociendo como calle Tacón.

Tacón es estrecha y peatonal, y se encuentra repleta de galerías de arte, tiendas, bancos, museos, farmacias, lugares para sentarse a comer y bares musicales.

Su génesis se remonta a la época colonial de la Isla y al propio surgimiento del Palacio de los Capitanes Generales, uno de los mayores exponentes del barroco en ese país, construido entre 1776 y 1792. El edificio acogió a 65 gobernadores durante el periodo de dominación española y más tarde sirvió de sede a varias dependencias estatales y particulares, hasta convertirse en el Museo de la Ciudad.

En esta calle se mezclan los estilos arquitectónicos colonial y neoclásico, respondiendo a que esta zona de La Habana es testimonio de épocas diversas.

Tal riqueza histórica, desde la corona española, las influencias británica y francesa y posteriormente el período de intervención norteamericana, comenzó a rescatarse desde la década de los 90, gracias al trabajo de la Oficina del Historiador de la Ciudad.

Tacón resalta por ser la única calle de América Latina en tener adoquines de madera, por lo que es popularmente conocida como “la calle de madera“.

Miguel Tacón fue Capitán General de la isla de Cuba entre 1834 y 1838 y bajo su mandato se construyeron varias obras públicas de gran importancia para La Habana, de las cuales algunas subsisten en la actualidad. Por su cargo, Tacón residía en el Palacio de los Capitanes Generales, en una de las más céntricas zonas de la Villa de San Cristóbal de La Habana.

En 1834, con el objetivo de mejorar la portada principal de la Casa de Gobierno, encargó la construcción de la calle al ingeniero Don Manuel Pastor, quien creó corredores de madera. Hizo lo propio en Mercaderes, O’Reilly y Obispo, cubriendo toda la manzana. Para 1841, el ingeniero Evaristo Carrillo probó allí los adoquines de madera.

Mientras unos afirman que la madera otorgaba respetuosidad y gravedad, otros aseguran que Tacón mandó a hacer las obras para tener un poco de tranquilidad, silencio y cuidar las siestas de su hermosa dama, constantemente interrumpidas por el paso de los coches de caballos que circulaban a toda hora sobre las piedras.

Adoquinar la calle con madera constituyó uno de los primeros ensayos en el propósito de pavimentar las principales arterias de la ciudad de un modo efectivo, que ayudara a eliminar su insalubridad fangosa y acústica. Lamentablemente, el elevado costo del material y el poco tiempo de vida útil que se obtenía hicieron inviable el proyecto. Y la única calle que quedó de madera, fue la de Tacón.

Nadie sabe con precisión desde cuándo, pero la singular obra de Tacón quedó sepultada por mucho tiempo. Hasta la década del 90 del pasado siglo, cuando la Oficina del Historiador de la Ciudad redescubrió la calle de madera bajo varias capas de pavimento. Entonces decidieron reconstruirla, mantener su apariencia original y mostrarla como ejemplo único en su tipo.

Además del Museo de la Ciudad, la calle Tacón acoge la Casa de Martín Aróstegui, donde se fundó el Colegio de Arquitectos de La Habana en 1916; el Gabinete y Museo de Arqueología, con sus colecciones cubanas y de otras regiones de América; el Parque Luz y Caballero, dedicado al ilustre educador cubano que tiene como centro una estatua en su honor; el Parque Arqueológico, con una muestra de piezas de artillería desde el siglo XVII y al Parque Infantil La Maestranza, donde los niños se deleitan incansablemente en sus ratos libres.

Caminar por la calle Tacón es electrizante, e inunda todos tus sentidos: el olor a cigarro habano acecha en cada esquina, el olor del mar Caribe que se esconde cerca, el sonido de la música en vivo que empapa la ciudad desde horas tempranas de la mañana.

Se trata de un recorrido bullicioso donde vienen y van turistas y lugareños, más que mirando escaparates, mirándose y dejándose ver, parados en una esquina, sentados en un poyete comiendo pizza o un helado mientras suena la música de algún grupo ambulante.

Como sus paralelas, Tacón es lo más parecido a ese túnel del tiempo que es la capital de Cuba, un viaje a nuestro pasado más inmediato, a la era de las reparaciones y la de los talleres de objetos cotidianos, a una ciudad en la que todo se arregla una y otra vez, hasta el infinito: los relojes de pulsera, las gafas (los espejuelos, dicen los habaneros), las radios, las bicicletas…

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Sobre el autor

Apasionado de internet y de los geniales rincones que ofrece la ciudad de La Habana. Mi objetivo es compartir con vosotros mi inquietud por descubrir lugares y personas especiales.



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