Calle Zanja, Centro Habana, La Habana, Cuba

Calle Zanja, Centro Habana, La Habana, Cuba

Calle Zanja (Foto: Mike bajo lic. CC BY-SA 2.0)

Pasear por la Calle Zanja es lo más parecido a entrar en una fotografía antigua de color sepia, entre edificios color pastel y coches antiguos.

Esta evocadora decadencia la convierte en un caramelo para fotógrafos, aunque no está, ni mucho menos, muerta. Si se pasea de noche se puede ver a sus vecinos bailando al son de la radio y jugando al dominó. Para el turista que visita la capital cubana Zanja resulta imprescindible.

Su recorrido, de oeste a este, va desde su nacimiento a la altura de la calle Infanta en los límites del Vedado, hasta su extinción en Dragones.

Debe su nombre a que por ella corría la Zanja Real, el primer acueducto que se construyó en Cuba. Inicialmente, las obras estuvieron a cargo del maestro Mayor Francisco de Caloma y los trabajos se extendieron desde 1566 a 1592, cuando concluyeron bajo la dirección del ingeniero Bautista Antonelli. El costo total fue de 35 mil pesos, de entonces, y tenía como objetivo transportar agua hasta la entonces llamada Villa de San Cristóbal de La Habana.

Para ello se excavó en el suelo un gran canal de aproximadamente 13 kilómetros de largo y un metro de ancho en su superficie, que se abastecía del capitalino río Almendares, limpio y más caudaloso por aquellos tiempos.

Cruzar la Zanja con el Acueducto en medio, podía resultar una tarea complicada. Por ello en su época inicial existían tres puentes para cruzarla: el de Sedano, en la esquina de la calle Lealtad; el de Manrique, en la calle del mismo nombre, y el de la calle Galiano.

Esquina de Zanja y Galiano (Foto: lezumbalaberenjena bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

Esquina de Zanja y Galiano (Foto: lezumbalaberenjena bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

En su trayecto el agua desembocaba en fuentes públicas, algunas de ellas monumentales, resultantes del perfeccionamiento necesario para evitar la contaminación e insalubridad. Testigos de esos tiempos son las fuentes de la Plaza de San Francisco y la que sirve desde 1836 como centro a la Plaza Vieja.

Durante una etapa se le designó Línea del Ferrocarril, por haber sido lecho temporal de un tranvía, y para 1916 pasó a llamarse Carlos Juan Finlay, en homenaje al eminente médico cubano que descubrió el agente transmisor de la fiebre amarilla. En 1936, no obstante, se decidió retomar el nombre original y así lo ha mantenido hasta nuestros días.

En marzo de 1916 a la calle se le dio el nombre de Finlay, en homenaje al ilustre médico cubano Carlos J. Finlay, descu­bridor del agente trasmisor de la fiebre amarilla; en 1936 se le resti­tuyó el primitivo, y hoy se la designa por ambos.

Es uno de esos lugares del pasado en medio de la ciudad que parece mentira que hayan sobrevivido a los envites del progreso. Un sitio que nos recuerda porque la capital de Cuba no pertenece al mundo real, es un punto y aparte de todo.

Zanja destaca por su antigüedad, por su contenido histórico, y por ser uno de los sitios arquitectónicamente más eclécticos de La Habana, donde el Barroco colonial confluye en armonía y complementariedad con el Modernismo y el Art Deco.

Por lo general, casi todas las edificicaciones carecen de portales y llenan casi todo el espacio alrededor de la vía, en marcado reflejo de la arquitectura colonial, la ecléctica y la gran densidad poblacional de la zona.

Como parte de Centro Habana, la Zanja es un fragmento urbano que se fue extendiendo en continua transición entre lo viejo y lo nuevo. Durante el recorrido se mezclan huellas arquitectónicas tradicionales de los siglos XVIII, XIX y XX, con algunas más vanguardistas, que nos hablan a las claras del carácter de la ciudad, su crecimiento y su gente.

El paseo desde Infanta nos conduce por una avenida de doble vía, con abundante circulación vehicular que se va adentrando en la parte antigua de la ciudad, despoblada de vegetación o espacios de sombra. A ambos lados coexisten edificaciones de diversos estilos arquitectónicos, que evidentemente representan el paulatino crecimiento de la ciudad, su vejez y un poco de descuido.

Más adelante nos toparemos con otras importantes intersecciones, primero con la calle Félix Varela y luego con la Avenida Italia, conocidas popularmente como Belascoaín y Galiano.

Esquina de Galiano y Zanja (Barrio Chino)

Esquina de Zanja y Galiano (Foto: lezumbalaberenjena bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

En su trayecto por la demarcación de Centro Habana, paralela a otras importantes arterias como Reina y Carlos III, Zanja se extiende a través del corazón del Barrio Chino de La Habana. Zanja constituyó el corazón del populoso Barrio Chino de La Habana y, aún hoy lo sigue constituyendo.

A finales del siglo XIX, la inmigración china se asentó en lo que fue el cuchillo de la Calle Zanja y la Calle de los Dragones donde, a partir de 1874, pusieron en marcha comercios y espacios dedicados a diversos servicios, como pequeñas fondas, farmacias, lavanderías, zapaterías, talleres, tiendas de comestibles, sederías, restaurantes, cines, teatros que representaban obras traídas de Asia, y casinos y salones donde se ofrecían fiestas y bailes.

Es necesario advertir que hoy es un barrio chino “sin chinos”. Con suerte hallaremos algún descendiente con rasgos faciales asiáticos. La mezcla e integración con la población local y la emigración han cambiado la fisonomía del barrio.

En octubre de 2015 se estableció en el emblemático edificio Pacífico, en la esquina de la calle San Nicolás, el Instituto Confuciouna fundación sin ánimo de lucro que centra sus acciones en contribuir a la enseñanza, difusión y conocimiento de la lengua y cultura chinas en Cuba.

Instituto Confucio de La Habana ano chino

Celebración en el Instituto Confucio de La Habana

En el caso cubano, estos cursos son totalmente gratuitos, sus gastos corren por el gobierno de la isla y la Universidad de La Habana. Es el único centro docente del país que imparte lengua china que cuenta con profesores nativos.

Más adelante, en el cruce de las calles Zanja y Galiano, se encuentra la antigua tienda La Vajilla, que en la actualidad funciona como “tienda comisionista”, un espacio al que cualquier persona puede llevar los muebles u objetos que desea vender. De tal suerte, allí se encuentran expuestos armarios, vitrinas, mesitas, mecedoras, lámparas y todo tipo de objetos decorativos, de las más variadas épocas y estilos.

Si continuamos caminando llegaremos al cruce de Zanja con Dragones, cerca del hermoso edificio de la antigua Compañía Cubana de Teléfonos (hoy ETECSA) y justo unas pocas manzanas antes de llegar al Capitolio Nacional.

Edificio de la antigua Compañía de Teléfonos (hoy ETECSA)

Edificio de la antigua Compañía de Teléfonos (Foto: aa440 bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

Muy cerca de la calle Zanja y del Barrio Chino de La Habana, también puedes visitar el Parque de la Fraternidad, el Palacio de Aldama, la Fuente de la India, el Gran Teatro de La Habana Alicia Alonso y el Parque Central.

Recorrer la Zanja de noche es grato, si uno no va muy lejos y no es muy tarde. De día, la calle Zanja es una tortura de calor agobiante al no encontrarse sombra en ningún lugar.

Pasear por este museo de costumbres al aire libre merece la pena. Zanja es un buen sitio para ver la cara B de la ciudad, aquella que necesita urgentemente reformas para que no se caiga a pedazos pero así es La Habana, un lugar donde puedes ver monumentos y construcciones espectaculares, como el Capitolio, al lado de edificios donde uno se pregunta como es posible que puedan vivir personas allí dentro.

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Sobre el autor

Apasionado de internet y de los geniales rincones que ofrece la ciudad de La Habana. Mi objetivo es compartir con vosotros mi inquietud por descubrir lugares y personas especiales.



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