Calzada del Cerro, Cerro, La Habana, Cuba

Calzada del Cerro, Cerro, La Habana, Cuba

La Calzada del Cerro en la década de los años cincuenta (Foto: Carlos Lorenzo bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

Las cinco grandes plazas de La Habana (la de la Catedral, la de Armas, la de San Francisco, la Plaza Vieja y la del Cristo) son un tesoro para patearse.

Pero además es un placer recrearse en las otras Habanas, la fabulosa Habana ecléctica, la Habana déco, la Habana moderna de los años cincuenta o la de las suntuosas calzadas con columnas.

Hay fabulosos barrios fuera de los circuitos turísticos como la exuberante Calzada del Cerro, en su origen un camino rural que unía La Habana con Pinar del Río, que todavía enseñan su antiguo esplendor en medio de un inventario de ruinas y derrumbes.

La Calzada del Cerro es una evocadora calle que se extiende a lo largo de tres kilómetros desde el desde La Habana Vieja hasta el barrio de El Cerro, el antiguo refugio veraniego de la aristocracia habanera.

Durante finales del siglo XIX y principios del XX se convirtió en el bulevar preferido por las familias aristocráticas habaneras para edificar sus mansiones.

Recomendamos a los viajeros utilizar ropas ligeras, calzado cómodo, cámara fotográfica bien agarrada a la muñeca y botella de agua. Esto será más que suficiente para explorar las viejas columnatas de la Calzada del Cerro, una alfombra ininterrumpida donde aún se escuchan los cantos del neoclásico tardío del siglo XIX. Si se aguza el oído mientras se recorre esos pasillos largos techados por arcos y parches decorativos, bien se les puede escuchar hablando de mejores tiempos.

Es esta una calle para recorrer con tranquilidad de principio a fin, sin perder detalle alguno, ojeando sus otrora hermosas fachadas que hoy se desgajan como fantasmas de balcones, enrejados mugrientos, oscuros secretos resguardados entre columnas.

Pasear por la Calzada del Cerro es lo más parecido a entrar en una fotografía antigua de color sepia, entre edificios color pastel y coches antiguos.

Por la Calzada del Cerro hay que caminar con la vista bien alta, siguiendo la estela de edificios, algunos derruidos, otros desafiantes al paso del tiempo, pero todos con mucha vida detrás.

Esta elegante decadencia la convierte en un caramelo para fotógrafos, aunque no está, ni mucho menos, muerta. Si se pasea de noche se puede ver a sus vecinos bailando al son de la radio y jugando al dominó. Para el turista que visita la capital cubana Calzada del Cerro resulta imprescindible.

Es uno de esos lugares del pasado en medio de la ciudad que parece mentira que hayan sobrevivido a los envites del progreso. Un sitio que nos recuerda porque la capital de Cuba no pertenece al mundo real, es un punto y aparte de todo.

Caminar por este museo de costumbres al aire libre merece la pena.

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Sobre el autor

Apasionado de internet y de los geniales rincones que ofrece la ciudad de La Habana. Mi objetivo es compartir con vosotros mi inquietud por descubrir lugares y personas especiales.



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