Casa de la Amistad, Vedado, La Habana, Cuba

Casa de la Amistad, Terraza

Terraza de la Casa de la Amistad

Algo alejada del centro histórico, como un retazo del pasado, esta antigua mansión de dos plantas tiene una terraza llena de pinos y palmeras centenarias que es una delicia y un patio interior que no tienen rival.

Fue encargada por Juan Pedro Baró como regalo para su amada, la rica terrateniente Catalina Lasa. Su relación fue el mayor escándalo de la época.

Juan Pedro y Catalina cayeron rendidos el uno sobre el otro un día de 1905 y siguieron unidos hasta el fin contra los vientos y mareas organizados desde su entorno de clase dominante en La Habana de principios del siglo XX.

El alboroto estalló cuando una tía del entonces marido de Catalina, Pedro Estévez Abreu, descubrió el amorío. La pareja tenía alquilada una suite en el hotel Inglaterra. Una vez el romance se hizo público y notorio, ella plantó a su esposo -él estaba divorciado- y ambos huyeron a París.

En 1917, se entrevistaron en Roma con el papa Benedicto XV y lograron la anulación del matrimonio de ella. Catalina y Juan Pedro corrieron de vuelta a París para casarse por la Iglesia. Al año siguiente, el presidente cubano García Menocal aprobó el divorcio con una ley que los tuvo como primeros beneficiarios.

Sólo a mediados de los años veinte se rehabilitaron socialmente. También entonces levantaron el monumento que les haría eternos: la espléndida mansión de Catalina Lasa, hoy llamada Casa de la Amistad, primer gran espacio de Art Déco en Cuba y verdadera joya de este estilo.

Casa de la Amistad, Fachada

Fachada de la Casa de la Amistad

El edificio, en la actualidad la Casa de la Amistad y dedicado a restaurante y a salón de fiestas que atormentan a vecinos y amantes del lugar, está lleno de detalles delicados. La obra es de Govantes y Cabarrocas, autores del pabellón de Cuba en la Expo Iberoamericana de Sevilla (1929) y la mansión Xanadú de Varadero. El jardín lo diseñó el arquitecto paisajista francés Jean-Claude Nicolas Forestier, responsable de la urbanización de Montjuïc para la Exposición Internacional de Barcelona de 1929 y del sevillano parque María Luisa.

Un ejemplo del esmero y atención a los detalles con el que se construyó la casa son las columnas de la entrada, moldeadas con arena traída expresamente desde las orillas del Nilo para poder conseguir la tonalidad roja deseada.

Es un espacio único en el que parece que el tiempo se haya detenido años atrás, cuando todo era más sencillo y la gente no tenía tanta prisa.

Aquella frase que se lee en todas las guías turísticas sobre el “marco incomparable” sospechamos que se acuñó por la Casa de la Amistad. No se nos ocurre ningún otro lugar en La Habana más ideal.

El salón es amplio, sin agobios, con unas cómodas sillas para unas mesas bien distribuidas, espacios y separaciones adecuadas, techos altos, baldosas hidráulicas, mobiliario cómodo, mesas bien vestidas, luces tenues, buena música cubana sonando de fondo y un excelente servicio.

La carta es sensata, muy adecuada, no extensa pero completa, con abundante mercado, sin excentricidades vanguardistas, muy apropiada a los tiempos que corren. El restaurante ofrece una cocina cubana de autor elaborada con productos de temporada, próximos y de calidad.

Dirección: Calle Paseo No. 406, entre 17 y 19, Vedado
Teléfono: +53 7 8303114
Sitio Web: https://www.facebook.com/La-Casa-de-la-Amistad

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Sobre el autor

Apasionado de internet y de los geniales rincones que ofrece la ciudad de La Habana. Mi objetivo es compartir con vosotros mi inquietud por descubrir lugares y personas especiales.



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