El Vedado no image

Publicado el junio 13th, 2015 | por David Giménez

Casa de la familia Loynaz del Castillo, Vedado, La Habana, Cuba

Construida en 1880, la antigua mansión de la familia Loynaz del Castillo fue una de las primeras edificaciones de El Vedado, en una época en que desde ellas se podía contemplar el mar. En esta casa señorial residió durante muchos años la célebre escritora y poetisa cubana Dulce María Loynaz, ganadora del Premio Cervantes en 1992.

Entre las grandes figuras de la literatura universal que pasaron por su casa se cuentan Federico García Lorca y los premios Nobel de literatura, Gabriela Mistral y Juan Ramón Jimenez.

En esta casa Dulce María Loynaz conservó los manuscritos de las obras Yerma y El Público, que el poeta granadino Federico García Lorca regaló a sus hermanos Flor y Carlos Manuel tras su estancia en La Habana, a su vuelta de Nueva York en 1930.

Después de permanecer durante seis meses en los Estados Unidos, García Lorca visitó Cuba. Lorca fue recibido y mimado por las figuras más representativas de la cultura cubana, como Fernando Ortiz, Jorge Mañach, Lydia Cabrera, Félix Lizaso, José Antonio Fernández de Castro, etc. Y encontró un cordial acomodo entre los poetas cubanos contemporáneos: Guillén, Ballagas, Dulce María Loynaz, Florit, Marinello, Tallet, entre otros muchos.

“La seguridad de su voz en el recitado, le prestaba un gracioso énfasis, un leve subrayado. La voz entonces se agrandaba, abría los ojos con una desmesura muy mesurada, y su mano derecha esbozaba el gesto de quien reteniendo una gorgona, la soltase de pronto. El recuerdo de los cantaores estaba no solo en el grave entorno de su voz, sino en la convergencia del gesto y el aliento en todo su cuerpo, que parecía entonces dar un incontrastable paso al frente”, recordaba años después Lezama Lima sobre una lectura de Lorca en la Universidad de La Habana.

Debido a su amistad con los hermanos Loynaz, en esta casa Lorca instaló una suerte de taller, sin pernoctar nunca, donde tocaba el piano, cantaba, escribía y dibujaba, entre apasionados coloquios que solían terminar, ya de madruga, en visitas a La Habana Vieja. En esta “casa encantada” Lorca escribió El Público, algunos de los poemas de Poeta en Nueva York y fragmentos de Yerma y Doña Rosita la soltera.

Lorca hizo tan suya La Habana que escribió a sus padres: “Si yo me pierdo, que me busquen en Andalucía o en Cuba”.

En su casa se hacían reuniones de intelectuales del ámbito nacional y extranjero, como le llamaron en su época “Aristocracia del conocimiento“.

A raíz del triunfo de la Revolución Cubana en 1959 la poetisa se auto-aisló de la vida social durante largo tiempo en su casona de El Vedado. En sus propias palabras: “creé un mi mundo en esta casa porque ya no podía crear otro. Ya no era tan joven, ni tampoco estaba el mundo tan agradable como para que yo repitiera mis experiencias. Tampoco estaba muy agradable mi país, pero al fin y al cabo era mi país, y en él me quedé siempre”.

Pablo Álvarez de Cañas, el marido de Dulce María Loynaz, natural de la isla de Gran Canaria, se marchó a Estados Unidos, pero ella no lo acompañó. “Lo quería mucho y fui muy feliz con él, pero no había justificación para irse”.

El edificio también fue durante años el lugar de reunión para los miembros de la Academia Cubana de la Lengua, institución que la escritora presidió desde 1968 hasta el momento de su muerte en 1997. Desde entonces todo se ha mantenido sin cambios, como si la escritora fuera a regresar de un momento a otro.

Desafortunadamente, el espléndido palacete en el que vivió Dulce María Loynaz no pasa por su mejor momento y está a la espera de una merecida restauración.

Dirección: Línea #1108, Vedado

Tags: , , , , ,


Sobre el autor

Apasionado de internet y de los geniales rincones que ofrece la ciudad de La Habana. Mi objetivo es compartir con vosotros mi inquietud por descubrir lugares y personas especiales.



Volver arriba ↑