Castillo de la Real Fuerza (Museo de la Navegación), La Habana Vieja, La Habana, Cuba

Castillo de la Real Fuerza, Foso

El impresionante foso que rodea el Castillo de la Real Fuerza

En el lado del mar de la Plaza de Armas, muy cerca de El Templete, se encuentra el Castillo de la Real Fuerza, la fortaleza más antigua de Cuba y de toda América, y desde 2008, sede del Museo de la Navegación, que cubre la historia del fuerte y la Ciudad Vieja, y sus conexiones con el antiguo Imperio Español.

En 1555 el corsario francés Jacques de Sores saqueó e incendió La Habana tras derrotar a sus escasos defensores. Para proteger la floreciente colonia de los ataques de piratas, corsarios y ejércitos extranjeros, el rey de España envió en 1558 a Bartolomé Sánchez, quien proyectó un castillo con una torre descomunal de 195 metros, lo que hizo que fuera reemplazado por Francisco de Calona. En 1588, tras más de 20 años de intensos trabajos el imponente e indómito Castillo de la Real Fuerza estaba terminado.

La fortaleza se caracteriza por una simetría perfecta, propia de la arquitectura renacentista del siglo XVI. Aunque su situación estratégica no era la mejor, ya que se encontraba demasiado dentro de la bahía, logró resistir varios ataques externos y se erigió como uno de los estandartes de la defensa de La Habana.

La Giraldilla, una escultura de bronce que se dice es Inés de Bobadilla

La Giraldilla, una escultura que se dice es Inés de Bobadilla (Foto: lezumbalaberenjena bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

Lo primero que atrae la atención es la explanada exterior con sus antiguos y poderosos cañones, sus muros perimetrales propicios, el foso colmado de pequeños peces y el puente de madera, que antaño formaron parte de su sistema defensivo. Sin dudas, desde el inicio, resulta bello lugar para sacar una foto y tener un recuerdo espléndido, exótico. Con el Malecón, el Cristo de La Habana y las fortalezas de San Carlos de la Cabaña y el Morro en el paisaje de fondo, la agradable escena queda recomendada.

En la actualidad, el castillo alberga al Museo de la Navegación o Museo de la Real Fuerza, donde se exhiben diversos objetos que datan desde el siglo XVI hasta el XVIII, relacionados con la vida y las funciones del castillo.

En el interior del Museo se conserva La Giraldilla, una escultura de bronce con forma de mujer fundida en La Habana en 1632 por el artista canario Jerónimo Martínez Pinzón que se dice es Inés de Bobadilla, esposa de Hernando de Soto, séptimo Capitán General de Cuba y explorador de la Florida.

Cuenta la leyenda que Doña Inés subía todos los días al torreón esperando ver el barco que trajera de vuelta a su amado.

Sin embargo de Soto nunca regresó. Incluso cuando se supo que Don Hernando había muerto explorando el río Mississippi ella siguió esperándolo desde lo alto de la fortaleza durante el resto de su vida, convirtiéndose en un símbolo del amor eterno.

La torre oeste es conocida popularmente por el nombre de “La Espera” en honor a Doña Inés, y La Giraldilla se ha convertido en uno de los mitos favoritos de los habaneros y en el emblema del ron Havana Club. La atalaya está coronada por una aguja piramidal, en el extremo de la cual se encuentra una réplica de La Giraldilla, ya que la original se encuentra en el Museo de la Ciudad.

Entrada del Castillo de la Real Fuerza, en la actualidad sede del Museo de la Navegación

Entrada del Castillo de la Real Fuerza, en la actualidad sede del Museo de la Navegación (Foto: David Giménez bajo lic. CC BY-NC 4.0)

Gracias a este Museo se pueden conocer los antecedentes de la navegación en el Caribe, la historia de las construcciones navales desde el siglo XVII, una muestra de las herramientas para trabajar la madera, usadas por comunidades aborígenes cubanas, y los resultados de las investigaciones que en Cuba se han acometido en el campo de la arqueología subacuática.

Gran parte de los objetos resguardados en el Museo fueron encontrados por el Gabinete de Arqueología de la Oficina del Historiador de La Habana en el interior de la propia edificación, por largo tiempo residencia de gobernadores, generales y almacén de oro y mercaderías valiosas en tránsito hacia España.

Pueden observarse muestras de las riquezas extraídas de la colonia, que eran enviadas por mar a la metrópolis ibérica. Discos comprimidos de oro y plata, de diferentes tamaños y calidades, junto a la explicación de su valía, baúles abiertos y ambientados, permiten al visitante hacerse de una idea certera sobre el modo en que eran transportados estos bienes.

A la vez, se exponen hallazgos realizados en los fondos marinos de la plataforma circundante, pecios resultantes del naufragio de galeones cargados de tesoros que realizaban el recorrido desde o hasta Cuba. Una amplia colección de monedas, cadenas del Potosí, aretes, sortijas y diversos objetos de oro, plata y piedras preciosas, impresionan gratamente al observador e inevitablemente le hace cuestionar la suerte de aquellas embarcaciones y sus tripulantes.

Otra interesante atracción del Museo es la maqueta del barco de guerra Santísima Trinidad, apodado “El Escorial de los Mares”. Construido en los Reales Astilleros de La Habana en 1769 con el objetivo de devolver y asegurar la hegemonía de la Armada española en los mares, fue en su época el barco de línea más grande del mundo, con 53 metros de quilla, 60 de eslora, cuatro puentes, más de 140 cañones y una dotación de casi 1.000 marinos. El principal “arquitecto” del navío de línea más ambicioso jamás construido fue el capitán de fragata irlandés Mateo Mullan.

Durante la Batalla de Trafalgar fue el buque insignia de la flota española y resistió durante horas los ataques de los navíos ingleses Neptune, Leviatán, Conqueror, Africa, Prince y Victory (el barco del almirante Nelson). Se hundió cuando era remolcado a Gibraltar como trofeo de guerra.

Antes de marcharnos, debemos visitar el piso superior. Aquella frase que se lee en todas las guías turísticas sobre el “marco incomparable” sospechamos que se acuñó por el Castillo de la Real Fuerza. No se nos ocurre ningún otro lugar en La Habana más ideal para ver la puesta de sol. Las vistas desde la azotea sobre toda la bahía, especialmente por la noche, son alucinantes. La brisa fresca del mar invita a quedarse un rato sentados en los muros y contemplar el panorama. La vida de La Habana transcurre a los pies del castillo, un testigo inamovible y mudo de la historia.

La fortaleza comparte sitio con las construcciones más importantes de la época colonial, entre ellos el Palacio de los Capitanes Generales, antigua sede de los gobernantes españoles y hoy Museo de la Ciudad. También se encuentran cerca El Templete, pequeña edificación construida en el año 1828 para evocar la fundación de la villa; el Palacio del Segundo Cabo, de estilo barroco; la Casa de los Condes de Santovenia, convertida en el lujoso Hotel Santa Isabel o el Museo de Historia Natural.

Durante la toma de La Habana por los ingleses en 1762, el Castillo de la Real Fuerza constituyó uno de los baluartes más resistentes y heroicos. Integra junto al Morro, la Punta y la Cabaña, un sistema de fortalezas militares coloniales ubicado en el casco histórico de la ciudad, incluido en la lista del Patrimonio Mundial de la Unesco dese 1982.

Dirección: Plaza de Armas, entre Calle O’Reilly y Avenida del Puerto, La Habana Vieja
Teléfono: +53 7 8615010
Correo Electrónicotony@patrimonio.ohc.cu
Horarios: Abierto todos los días de 9 a 17 h.

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Sobre el autor

Apasionado de internet y de los geniales rincones que ofrece la ciudad de La Habana. Mi objetivo es compartir con vosotros mi inquietud por descubrir lugares y personas especiales.



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