Catedral de La Habana, La Habana Vieja, La Habana, Cuba

Plaza de la Catedral, La Habana Vieja, Cuba

Plaza de la Catedral de La Habana (Foto: Gorupdebesanez bajo lic. CC BY-SA 3.0)

La Catedral de La Habana es una estructura inolvidable y emblemática, y una de las principales huellas del legado de la época colonial de Cuba.

La construcción de la iglesia fue iniciada por la Compañía de Jesús en 1748, reemplazando a una ermita que había en ese lugar, y las obras continuaron a pesar de la expulsión de los jesuitas de los dominios españoles en 1767.

Cuando el edificio fue terminado en 1787, se creó la la diócesis de La Habana, una de las más antiguas de América, y la iglesia pasó a ser catedral.

Sus dos torres desiguales (la torre de la izquierda es más estrecha) le conceden un carácter asimétrico y atípico, que hace que resulte atractiva y misteriosa. La increíble Catedral de La Habana fue descrita por el escritor cubano Alejo Carpentier, ganador del premio Cervantes en 1977, como “música hecha piedra”.

Interior de la Catedral de La Habana

Entrada de la Catedral de La Habana (Foto: Nick Kenrick bajo lic. CC BY 2.0)

La teatral fachada barroca es una obra maestra diseñada por el arquitecto italiano Francesco Borromini. Esculpida en piedra de mar, te transmitirá cambiantes impresiones desde la vista rasante hasta la frontal.

Si miras con atención la textura de la fachada verás restos fósiles de conchas de bivalvos, caparazones y erizos de mar. Los maestros de obra tomaron esta temática y la continuaron: en la entrada te da la bienvenida un grandioso rosetón tallado con la forma de una concha de caracola.

Una curiosidad de la catedral es su interior, neoclásico más que barroco y relativamente austero.

Las esculturas y los trabajos de orfebrería estuvieron a cargo del italiano Bianchini y fueron realizadas en Roma en 1820 bajo la supervisión del escultor español Antonio Solá, siguiendo los postulados neoclásicos. Sobre el altar mayor se observan tres frescos originales del pintor italiano Perovani que datan de finales del siglo XVII.

Interior de la Catedral de La Habana

Interior de la Catedral de La Habana (Foto: Brian Henderson bajo lic. CC BY-NC 2.0)

Uno de los principales benefactores de la obra fue el obispo Juan José Díaz de Espada. Lezama Lima dejó escrito que este obispo intentó traer a Francisco de Goya y Lucientes a Cuba en 1815 para que adornara la catedral. Finalmente se tuvo que conformar con los cuadros al óleo que pintó el francés Jean-Baptiste Vermay, en su mayoría copias de originales de Rubens y Murillo.

Los restos de Cristóbal Colón fueron traídos aquí desde Santo Domingo en 1795, y yacieron en la Catedral de La Habana hasta 1898, cuando fueron trasladados a la Catedral de Sevilla en España.

Merece la pena subir a la más ancha de las torres, la de las campanas, para admirar una de las mejores vistas panorámicas de la ciudad. El acceso es a través de una empinada escalera de madera. Es necesario tener algo de coraje y resistencia para llegar al final.

En la cúspide, nos miran desde cerca el Palacio del Marqués de Arcos, el Museo de Arte Colonial, antaño casa de los Condes de Casa Bayona, y la mansión del Marqués de Aguas Claras.

A lo lejos, se alzan imponentes la cúpula del Capitolio Nacional y la torre campanario del Convento San Francisco de Asís.

Dirección: Calle Empedrado 156, Plaza de la Catedral
Teléfono: +53 7 8300793
Horarios: De lunes a viernes de 9 a 16:30 h. Sábados, domingos y festivos de 9 a 12 h.

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Sobre el autor

Apasionado de internet y de los geniales rincones que ofrece la ciudad de La Habana. Mi objetivo es compartir con vosotros mi inquietud por descubrir lugares y personas especiales.



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