Convento de Santa Clara, La Habana Vieja, La Habana, Cuba

Convento de Santa Clara, La Habana Vieja, Cuba

Convento de Santa Clara (Foto: Oficina del Historiador de La Habana)

El Convento de Santa Clara es uno de esos regalos urbanos que a veces cuesta creerse que existan. Uno de esos lugares del pasado en medio de la ciudad que parece mentira que hayan sobrevivido a los envites del progreso. Un sitio que nos recuerda porque la capital de Cuba no pertenece al mundo real, es un punto y aparte de todo.

La preocupación de las mejores familias habaneras por el destino de sus hijas solteras llevó a la construcción de este convento, el más antiguo y grande de Cuba. El sencillo y austero exterior del edificio, sus gruesos muros de mampostería y su amplio tejado de tejas ocultan la sorprendente riqueza del interior, con techos de madera realizados por maestros carpinteros, magníficas arcadas de piedra y espectaculares patios ajardinados.

Los trabajos de construcción comenzaron en 1638 y terminaron en 1643.  El edificio constituia un puente entre el norte de La Habana y el sur hacia donde se expandía la ciudad.

Las calles que integran el sector sur de La Habana Vieja se trazaron, precisamente, posteriormente al emplazamiento del Convento de Santa Clara. Como se puede apreciar en los planos de la época en la intersección de lo que hoy serían las calles Santa Clara y Sol con Cuba; un área que entonces se encontraba fuera del área urbana de la ciudad.

El convento semejaba a mediados del siglo XVIII, según el obispo Pedro Agustín Morell de Santa Cruz, “una ciudad en miniatura”. En la sucesión de celdas individuales, construidas por las familias de las enclaustradas, vivían en reclusión las monjas, asistidas por sus esclavas.

Esto puede parecer chocante a los ojos de hoy, pero en la época era perfectamente normal, pues las religiosas pertenecían, en su mayoría, a las más ricas familias del país, y una vez aceptados sus votos, mantenían muchas de las rutinas de vida que llevaban fuera del convento.

En 1922, el edificio fue abandonado por las monjas debido a su estado ruinoso.

El convento fue adquirido por medios fraudulentos por el gobierno del presidente Alfredo Zayas (1921-1925), lo que dio origen a la Protesta de los Trece, uno de los acontecimientos más importantes de la Historia de Cuba.

Durante su mandato se autodesignó historiador oficial de Cuba con un sueldo de 500 pesos mensuales (un salario escandaloso para la realidad del país), ganó dos veces el primer premio de la Lotería Nacional, y fue el único presidente que se erigió una estatua en vida. Dio vía libre al juego y promovió una ley de amnistía que beneficiaba a todos los que habían cometido fraudes.

Zayas promovió la compra del convento de Santa Clara a una empresa privada. En la época de las «vacas gordas», la iglesia lo había vendido por un millón de pesos a la citada empresa, y en 1923, en plena crisis financiera, el estado cubano pagaba por él dos millones trescientos mil pesos.

El escándaloso pelotazo suscitó gran repulsa popular y dio lugar a un hecho que tuvo gran resonancia pública: la llamada Protesta de los 13. Con motivo de un homenaje que se rendía a la escritora uruguaya Paulina Luissi en la Academia de Ciencias de Cuba, iba a usar de la palabra Erasmo Regüeiferos, miembro del Gabinete de Zayas y uno de los responsables de aquella operación. Antes de que el orador comenzara, varios jóvenes intelectuales se pusieron de pie, y uno de ellos, el abogado y poeta Rubén Martínez Villena, denunció la compra fraudulenta y acusó a Regüeiferos ante el auditorio.

El grupo se retiró del acto publicando un manifiesto firmado por Rubén Martínez Villena, José Antonio Fernández de Castro, Calixto Masó, Félix Lizaso, Alberto Lamar Schweyer, Francisco Ichaso, Luis Gómez Wangüemert, Juan Marinello Vidaurreta, José Tallet, José Manuel Acosta, Primitivo Cordero Leyva, Jorge Mañach y J.L. García Pedrosa, 13 intelectuales, dando nombre a la protesta.

Casi todos los firmantes se destacarían después en las artes, las letras y en la política y darían origen al llamado Grupo Minorista, de honda repercusión en la historia de esa época. Dos de los protagonistas, Martínez Villena y Juan Marinello, desempeñarían más tarde, hasta la muerte, altos cargos de dirección en el movimiento obrero y comunista.

La Protesta de los Trece constituyó un ejemplo de cómo los jóvenes intelectuales asumían una posición combativa ante lo mal hecho.

En las décadas de los treinta y cuarenta acogió la sede de la Secretaría de Obras Públicas.

Recientemente restaurado por la Oficina del Historiador de la Ciudad, en la actualidad el Convento de Santa Clara alberga el Centro Nacional de Conservación, Restauración y Museología (CENCREM), encargado de la rehabilitación de La Habana Vieja.

Se puede visitar su bello patio colonial, el claustro, el pequeño cementerio, las celdas de las monjas e incluso si lo deseas, pasar la noche, por un precio muy asequible.

En medio del jardín, casi oculta dentro de la profusa vegetación, se encuentra la Fuente de La Samaritana, la primera fuente pública de la ciudad.

Dirección: Calle Cuba 610  e/ Luz y Sol, La Habana Vieja
Sitio Webhttp://www.ohch.cu/convento-de-santa-clara/

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Sobre el autor

Apasionado de internet y de los geniales rincones que ofrece la ciudad de La Habana. Mi objetivo es compartir con vosotros mi inquietud por descubrir lugares y personas especiales.



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