El Malecón de La Habana

Puesta de Sol en el Malecón

Puesta de Sol en el Malecón (Foto: Natalie Marchant bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

El Malecón es un evocador paseo marítimo de seis carriles y un larguísimo muro que se extiende a lo largo de ocho kilómetros desde el Castillo de la Punta hasta el Torreón de la Chorrera y la desembocadura del río Almendares.

Es una transición y, a la vez, una escalera mecánica que une La Habana clásica con aquella que fue reimpulsada a finales del siglo XIX (alimentada con gasolina norteamericana), El Vedado.

Recorrer este mítico espigón es actividad obligada en La Habana y una experiencia que no te puedes perder. Ningún viaje a La Habana está completo sin un paseo por El Malecón.

Es el símbolo más universal de una ciudad con cinco siglos de historia.

El Malecón es una de las avenidas más auténticas y conmovedoras de La Habana y el lugar de encuentro predilecto de músicos, filósofos, poetas, pescadores, vendedores, amantes que se susurran palabras de amor y artistas de la melancolía que miran al mar del Caribe. Una joya única a cualquier hora del día.

El Malecón es un gran teatro al aire libre donde miles de vecinos acuden a diario a saludarse, debatir o tomar algo y una oportunidad única para contemplar la vida cubana desarrollarse ante tus ojos.

Pescadores en el Malecón de La Habana, Cuba

Pescadores en el Malecón (Foto: Franx’ bajo lic. CC BY-NC 2.0)

El Centro Hispano-Americano de Cultura y el Bar y Restaurante de inspiración soviética Nazdarovie en el Malecón (Foto: David Giménez bajo lic. CC BY-NC 4.0)

El Centro Hispano-Americano de Cultura y el Restaurante de inspiración soviética Nazdarovie en el Malecón (Foto: David Giménez bajo lic. CC BY-NC 4.0)

Es un sitio que nos recuerda porque la capital de Cuba no pertenece al mundo real, es un punto y aparte de todo.

No conviene idealizar el lugar porque, efectivamente, su muro está desgastado, las rocas graffiteadas, los edificios sufren la implacable corrosión del océano y, como toda la ciudad, ha conocido momentos mejores.

Por el Malecón hay que caminar con la vista bien alta, siguiendo la estela de edificios, algunos derruidos, otros desafiantes al paso del tiempo, pero todos con mucha vida detrás.

Pero lo que dignifica al Malecón no es su piedra, sino las personas que se sientan sobre ella, los ‘cocotaxis’ que corren paralelos a él o esos edificios que, aún sin balcones, todo el mundo querría poseer para guiñar, cada día, un ojo al mar. Además, la Oficina del Historiador de la Ciudad ha dado a 14 manzanas del paseo una categoría especial para intentar frenar su deterioro.

Eso (y muchísimo más) es El Malecón: un lugar donde es fácil perderse y sentirte dentro de una aventura, una locura y un remanso de paz, todo depende de donde estés y del momento del día.

La atmósfera del Malecón entra en ebullición al llegar el atardecer, cuando las luces de las farolas comienzan a despuntar entre los claroscuros de La Habana.

Uno de los atractivos del Malecón es la puesta de sol, que se puede observar desde muchos puntos del paseo. La puesta de sol es un momento muy especial del día en el que el cielo experimenta un precioso cambio de color, que comienza cuando una débil luz amarilla procedente de El Vedado se proyecta en las desvencijadas fachadas de Centro Habana, dándoles un aspecto etéreo y casi irreal.

Si el Malecón está mojado, apártate enseguida. Cuando llega la marea, lo hace con rapidez.

Si el Malecón está mojado, apártate enseguida. Cuando llega la marea, lo hace con rapidez (Foto: David Giménez bajo lic. CC BY-NC 4.0)

A la derecha, el edificio conocido popularmente como "de los ataúdes" (Foto: David Giménez bajo lic. CC BY-NC 4.0)

A la derecha, el edificio conocido popularmente como “de los ataúdes”, por sus balcones en forma de ataúd (Foto: David Giménez bajo lic. CC BY-NC 4.0)

Vista de la Abadía desde el Malecón

La terraza La Abadía es una de las intervenciones arquitectónicas más controvertidas de los últimos años en el Malecón (Foto: David Giménez bajo lic. CC BY-NC 4.0)

Es toda una experiencia ver pasar los minutos en los que el sol va fundiéndose con el mar mientras el cielo va adquiriendo tonos de color azul, naranja, rosa y violeta hasta desaparecer en el agua.

A veces la gente se trae la guitarra, por lo que con un poco de suerte podréis disfrutar de una actuación musical en directo.

En el Malecón hay actividad las 24 horas del día, en la zona Este –que comprende La Habana Vieja y Centro Habana– es básicamente diurna y en la zona oeste –todo El Vedado, desde la Avenida 23 a la Chorrera– el trasiego es principalmente nocturno.

La historia del Malecón comienza en 1819, cuando se puso en práctica el llamado “ensanche de extramuros”. La ciudad estaba creciendo y el litoral habanero desde la Bahía hasta el Torreón de San Lázaro era un hermoso, pero inhóspito espacio de roca y mar.

Desde donde se encuentra hoy en día el Parque de Maceo hasta la desembocadura del río Almendares, la zona costera se componía de afilados arrecifes y del impenetrable “Monte Vedado”.

A mediados del siglo XIX el ingeniero militar Francisco de Albear, autor de numerosas e importantes obras en Cuba, proyectó algo más que un simple paseo. El Malecón sería una avenida construida a cuatro metros sobre el nivel del mar, separada de la orilla, y formada en la parte inferior por una amplia galería que serviría como línea de ferrocarril y almacén del activo puerto habanero.

Monumento a Antonio Maceo, La Habana, Cuba

El Monumento a Antonio Maceo y el Hospital Hermanos Ameijeiras

Un Cocotaxi en el Malecón

Un Cocotaxi en el Malecón (Foto: David Giménez bajo lic. CC BY-NC 4.0)

Edificios en el Malecón, cerca de La Rampa

Edificios en el Malecón, cerca de La Rampa (Foto: David Giménez bajo lic. CC BY-NC 4.0)

El proyecto costaría 850.000 pesos de la época, pero el gobierno español no lo apoyó y la propuesta de Albear durmió el sueño de los justos.

El primer tramo comenzó a construirse en 1901, bajo el gobierno interventor norteamericano del General Wood, y abarcó 500 metros, desde el Castillo de la Punta y el Paseo del Prado hasta la Calle Crespo.

Establecido como un bulevar junto al mar para deleite de las clases medias y acomodadas habaneras, el Malecón se expandió rápidamente hacia el este en la primera década del siglo XX con una ecléctica maraña arquitectónica que mezclaba el resistente y sobrio Neoclasicismo con el caprichoso y colorista Modernismo o Art Nouveau.

Para la década de 1920 había alcanzado los límites exteriores del floreciente barrio de El Vedado, en los años 30 Miramar, y en 1952 se culminaba la obra en el estuario del río Almendares. A finales de los 50 El Malecón se había transformado en una concurrida autopista de seis carriles que transportaba riadas de Buicks, Pontiacs y Chevrolets desde el casco gris del Castillo de San Salvador de la Punta hasta los confines de Miramar.

A la altura de Trocadero se encuentra la Casa Museo Lezama Lima, donde el prodigioso poeta, crítico de arte y novelista cubano, y una de las figuras más influyentes de la literatura latinoamericana del siglo XX, vivió desde 1929 hasta su muerte en 1976. Su casa era un lugar de puertas abiertas a la cultura, y sus encuentros frecuentes con poetas, pintores y músicos, conocidas como las “tertulias lezamianas”, alcanzaron una popularidad legendaria.

Los Hoteles Habana Libre y Nacional de Cuba vistos desde el Malecón (Foto: David Giménez bajo lic. CC BY-NC 4.0)

Los Hoteles Habana Libre y Nacional de Cuba vistos desde el Malecón (Foto: David Giménez bajo lic. CC BY-NC 4.0)

Monumento a las víctimas del acorazado Maine en La Habana (Foto: David Giménez bajo lic. CC BY-NC 4.0)

Monumento a las víctimas del acorazado Maine en La Habana (Foto: David Giménez bajo lic. CC BY-NC 4.0)

Embajada de los Estados Unidos en Cuba (Foto: David Giménez bajo lic. CC BY-NC 4.0)

Embajada de los Estados Unidos en Cuba (Foto: David Giménez bajo lic. CC BY-NC 4.0)

Con una situación privilegiada en la esquina de Galiano con el Malecón, el Deauville es un hotel funcional que dispone de habitaciones con vistas magníficas de toda la Habana, una animada piscina en el sexto piso y precios muy económicos. 

Justo enfrente se encuentra la impresionante escultura Primavera (ocho metros de alto, cuatro metros de ancho y dos toneladas de peso), del artista cubano Rafael Miranda San Juan. Este gigantesco rostro de mujer que mira al mar desde el Malecón es un homenaje del artista a las cubanas y formaba parte del programa de intervenciones artísticas de la XII Bienal de La Habana, el mayor evento de las artes plásticas de Cuba.

Escultura "Primavera" de Rafael Miranda San Juan,

La escultura “Primavera” de Rafael Miranda San Juan (Foto: henskechristine bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

Algo más al oeste, se encuentra el Barrio de Cayo Hueso, más o menos delimitado por las calles Belascoaín, Zanja, Infanta y Malecón. Cayo Hueso fue uno de los primeros asentamientos extramuros de la ciudad.

El recientemente restaurado Parque Maceo es una amplia explanada algo desangelada, en cuyo centro se levanta el Monumento a Antonio Maceo. Conocido como «El Titán de Bronce», el General mulato Antonio Maceo fue uno de los líderes mas importantes e influyentes en las Guerras de Independencia de Cuba.

Los jóvenes abarrotan los fines de semana, en una auténtica fiesta nocturna, los pies del histórico Hotel Nacional de Cuba. Justo en la intersección de la calle 23 se encuentra la Fuente de la Juventud, un espacio muy concurrido en el que puedes sentarte y disfrutar de la brisa fresca de agua salada y la inigualable vista del litoral.

Entre el Malecón y el emblemático Edificio Focsa se encuentra el Gato Tuerto, un bar histórico que ha conservado todo su carácter y encanto, y sin duda uno de los polos musicales y de la noche habanera.

Música en vivo en el Gato Tuerto (Foto: Youssef Shoufan bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

Vista del Gato Tuerto desde el Malecón, con el emblemático Edificio Focsa al fondo (Foto: Youssef Shoufan bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

Al lado, al borde de la calzada, se encuentra el Monumento dedicado a las Víctimas del Acorazado Maine (“que fueron sacrificadas por la voracidad imperialista en su afán de apoderarse de la isla de Cuba”, reza la leyenda).

Si seguimos caminando llegaremos a la Embajada de los Estados Unidos en Cuba (y al impresionante bosque de banderas cubanas de enfrente).

Un poco mas adelante, a la altura de la calle G, está la Casa de las Américas, prestigiosa institución cultural fundada en 1959 y situada a escasos metros del monumento a caballo de Calixto García, héroe nacional.

A lo largo del paseo, se encuentran algunos de los edificios históricos hoteles, monumentos, bares y restaurantes más representativos de la capital, como el Castillo de la Real Fuerza, el Castillo de San Salvador de la Punta, el Centro Hispano-Americano de Cultura, el Monumento al General Máximo Gómez, el Torreón de San Lázaro, el Monumento a las Víctimas del Acorazado Maine, el Riviera Habana, el Meliá Cohiba o el Torreón de la Chorrera.

El Malecón es particularmente sugerente cuando sopla un frente frío y las enormes olas desbordan ocasionalmente el muro, mojando a los transeúntes despistados (generalmente turistas).

Los fines de semana por la noche es un lugar muy concurrido. Comprar una botella de ron y sentarse en el muro puede ser un buen plan para un sábado noche.

Mayer Lansky, el gángster que reinó en La Habana de los negocios y el juego de los años 50 (entre los casinos de Lansky, estaban el Riviera, el Nacional y el Montmartre Club -hoy desaparecido-), pedía a su chófer que le llevara, a altas horas de la madrugada, a la orilla del mar para pensar y quizá, contemplar aquella luna “rodeada de nubes con las entrañas muy cárdenas”, como describió José Lezama Lima en su obra cumbre, Paradiso, la luna que se veía desde “el recodo del Malecón”.

El Malecón es un buen sitio para ver la cara B de la ciudad, aquella que necesita urgentemente reformas para que no se caiga a pedazos pero así es La Habana, un lugar donde puedes ver monumentos y construcciones espectaculares, al lado de edificios donde uno se pregunta como es posible que puedan vivir personas allí dentro.

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Sobre el autor

Apasionado de internet y de los geniales rincones que ofrece la ciudad de La Habana. Mi objetivo es compartir con vosotros mi inquietud por descubrir lugares y personas especiales.



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