Plaza de La Catedral, La Habana Vieja, La Habana, Cuba

Balcón en la Plaza de la Catedral de La Habana (Foto: Peter bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

Balcón en la Plaza de la Catedral de La Habana (Foto: Peter bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

No debería ser ningún secreto que La Habana Vieja se estructura en torno a sus plazas, cada una con su abanico de atractivos.

Y si hablamos de plazas, la de la Catedral (dedicada a la Virgen María de la Concepción Inmaculada), es uno de los lugares más bellos de La Habana Vieja. Además de la catedral, encontrarás varios palacios elegantes, embellecidos con pórticos para dar sombra y protección contra las tormentas tropicales, que una vez alojaron a los aristócratas y comerciantes más importantes de la ciudad.

Escenario de todo tipo de celebraciones (corridas de toros, autos de fe, ejecuciones, representaciones teatrales, fiestas, torneos, canonizaciones y proclamaciones, etc.), ha cambiado de nombre hasta en diez ocasiones, dependiendo de las diferentes etapas de la historia de Cuba.

De unos años a esta parte, sólo se habla del profundo proyecto de rehabilitación de la Plaza de la Catedral, de lo nuevo que luce el empedrado, de lo bella que es la pintura cuando no está desconchada, del olor a cemento fresco que, como el pan recién hecho, huele delicioso.

En 1560 la Plaza de la Catedral era un espacio pantanoso denominado la Plazuela de la Ciénaga. La zona fue drenada y comenzó a tomar forma con la construcción de una Ermita dedicada a San Ignacio, a partir de la cual, en 1724 surgió la Iglesia y el Real Colegio de la Compañía de Jesús.

En 1777, en el mismo solar, se terminó la construcción de la Catedral de La Habana, lo que provocó que la plaza se pavimentara, y muy pronto se convirtiera en el lugar preferido por las familias más ricas de la ciudad para edificar sus palacios.

Vista Panorámica de la Plaza de la Catedral de La Habana (Foto: Mariordo bajo lic. CC BY-SA 3.0)

Vista Panorámica de la Plaza de la Catedral de La Habana (Foto: Mariordo bajo lic. CC BY-SA 3.0)

La Catedral es, obviamente, el principal meollo turístico de la Plaza, gobernada por el tempo barroco que parece haber sido esculpido en piedra ahí mismo.

Su soberbia fachada está adornada por columnas adosadas y arcos ondulados que asemejan una ola del mar. El novelista y narrador Alejo Carpentier la describió como “música transformada en piedra” y está considerada como el mejor ejemplo del barroco cubano del siglo XVIII.

En 1796, España cedió a Francia la parte que aún poseía de la isla La Española y trasladó los restos mortales de Cristóbal Colón de Santo Domingo a la Catedral de La Habana. En su interior se guardaron hasta que el hundimiento del Maine y la Guerra de Cuba en 1898 provocaron la escisión definitiva de Cuba y los españoles hubieron de huir apresuradamente con los huesos del Almirante, que ahora descansan en la Catedral de Sevilla.

La Casa de los Marqueses de Aguas Claras fue construida entre 1751 y 1775 por Antonio Ponce de León, el primer Marqués de Aguas Claras y descendiente directo del descubridor de la Florida. Hoy el edificio contiene El Patio, un restaurante cuyas mesas llenan el magnífico patio interior y los pisos superiores.

La Casa de Baños servía como principal suministrador de agua municipal y en la actualidad alberga la Galería Víctor Manuel, especializada en arte contemporáneo. El estrecho callejón sin salida junto a la Casa de Baños es el Callejón del Chorro. El “chorro” era el nombre con el que se conocía popularmente a la Zanja Real, el acueducto de más 11 kilómetros que desde 1592 traía agua del río Almendares (por entonces llamado río La Chorrera) al recinto amurallado de La Habana.

Estatua del bailarín y coreógrafo español Antonio Gades (Foto: Rene Leubert bajo lic. CC BY-NC 2.0)

Estatua del bailarín y coreógrafo español Antonio Gades (Foto: Rene Leubert bajo lic. CC BY-NC 2.0)

La Casa del Conde de Lombillo es un hermoso palacio construido en 1741 que sirvió durante muchos años como oficina de correos. En el muro exterior se conserva un buzón de piedra con forma de máscara teatral griega que todavía está en uso.

Frente a el está la estatua de bronce y de tamaño natural del bailarín y coreógrafo español Antonio Gades, apoyada en una de las columnas de piedra del Palacio del Conde de Lombillo, como solía hacer antes de adentrarse en el bar de El Patio. Firme defensor de la revolución cubana, sus restos reposan en la Sierra Maestra, en el mausoleo a los combatientes del II Frente Oriental ‘Frank País’.

El Palacio del Marqués de Arcos es una bella casona típicamente colonial construida en 1741 para el tesorero real Don Ignacio de Peñalver y Angulo. En la actualidad, la Oficina del Historiador está trabajando en la restauración de esta joya de la arquitectura barroca cubana del siglo XVIII.

El Museo de Arte Colonial está situado en el palacio de los Condes de Casa Bayona, erigido en 1720 por orden del capitán general de Cuba Luis Chacón, quien casó a su hija con el primer Conde de Bayona. Su sencilla estructura de dos plantas, es un magnífico ejemplo de las casas tradicionales de los mercaderes de la época colonial. Sirvió como escenario para la novela “Nuestro Hombre en La Habana” de Graham Greene, en la escena en la que Wormold se reúne con el Capitán Segura.

En el noroeste de la plaza, en la esquina de San Ignacio y Empedrado, se encuentra la elegante casona de los Condes de Peñalver, que en los diferentes momentos de su historia ha servido como oficina de correos, banco y escuela. En la actualidad alberga el Centro de Arte Contemporáneo Wifredo Lam, una de las mejores galerías de arte de La Habana.

A pocos pasos de la Plaza de la Catedral se encuentra la Fundación Alejo Carpentier, dedicada a la conservación y difusión, tanto de la literatura, como de la vida de uno de los escritores cubanos más importantes del siglo XX.

En la actualidad, la Plaza de la Catedral es uno de los lugares más emblemáticos y animados de La Habana y cuenta con numerosos bares, restaurantes y cafeterías.

Personajes callejeros de La Plaza de la Catedral de La Habana

Personajes callejeros en La Plaza de la Catedral (Foto: Victoria Imeson bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

La Plaza de la Catedral, como sus hermanas la de San Franciscola de Armas o la Vieja, es lo más parecido a ese túnel del tiempo que es la capital, un viaje a nuestro pasado más inmediato, a la era de las reparaciones y la de los talleres de objetos cotidianos, a una Habana en la que todo se arregla una y otra vez, hasta el infinito: los relojes de pulsera, las gafas (los espejuelos, dicen los habaneros), las radios, los móviles, las cámaras de las bicicletas….

Al paisaje de la Plaza de la Catedral hay que sumarle los encantadores personajes callejeros. Personas genuinas que puedes encontrarte en cualquier momento en La Habana Vieja, como las mujeres vestidas de blanco vendiendo maní, los tríos de hombres con guayaberas tocando canciones de son y guaracha frente a cualquier terraza o las ancianas vestidas de vivos colores fumando enormes puros.

Todo el conjunto arquitectónico y humano es impresionante, y el paseo por la principal arteria comercial y turística de La Habana Vieja se hace totalmente ineludible, tanto para los viajeros que llegan por primera vez a la capital cubana como para aquellos que la conocen como la palma de su mano.

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Sobre el autor

Apasionado de internet y de los geniales rincones que ofrece la ciudad de La Habana. Mi objetivo es compartir con vosotros mi inquietud por descubrir lugares y personas especiales.



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