Plaza de San Francisco, La Habana Vieja, La Habana, Cuba

Iglesia de San Francisco de Asís (Foto: jipe7 bajo lic. CC BY-ND 2.0)

Iglesia de San Francisco de Asís (Foto: jipe7 bajo lic. CC BY-ND 2.0)

No debería ser ningún secreto que La Habana Vieja se estructura en torno a sus plazas. La de San Francisco está situada frente la Avenida del Puerto, entre las calles Oficios y Amargura y muy cerca de la Plaza de Armas. Escenario de todo tipo de celebraciones (corridas de toros, autos de fe, ejecuciones, representaciones teatrales, fiestas reales, torneos, canonizaciones y proclamaciones, etc.), ha cambiado de nombre hasta en diez ocasiones, dependiendo de las diferentes etapas de la historia de Cuba.

Su cercanía al puerto de La Habana hizo que esta plaza fuese, antaño, muy comercial, y propició que se instalase en ella el antiguo edificio de la Casa de Aduanas.

En el siglo XVI, a su alrededor se extendían los muelles de La Habana, donde los galeones desembarcaban mercancías, esclavos e inmigrantes españoles. Un ramal de la Zanja Real (el primer acueducto de La Habana) cruzaba toda la plaza y suministraba agua a los buques amarrados.

El primer edificio que se construyó en la plaza fue un mercado al aire libre, en las primeras décadas del siglo XVI, seguido de un convento en 1608, aunque cuando los piadosos monjes se quejaron del ruido que provocaba, el mercado se trasladó a unas pocas manzanas, al sur de la Plaza Vieja.

Edificios Coloniales en la Plaza de San Francisco

Edificios Coloniales en la Plaza de San Francisco (Foto: lezumbalaberenjena bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

En 1836 se colocó en el centro de la plaza otro símbolo indiscutible: la Fuente de Los Leones, una obra maestra del escultor italiano Giuseppe Gaginni en la que se representan cuatro felinos sobre sendos pedestales de cuyas bocas emana agua.

La plaza fue totalmente restaurada a finales de la década de los 90, y toma su nombre actual del convento dedicado a San Francisco de Asís, un edificio construido según la moda mudéjar que los españoles trajeron de allende el Atlántico. Se dice que, cuando la construyeron y durante siglos, la torre del templo fue el punto más alto de La Habana.

Una figura de bronce del escultor cubano José Villa Soberón, ubicada en la acera de la convento representa al Caballero de París, un popular personaje callejero que deambulaba por las calles de La Habana en la década de los 50, compartiendo con los viandantes sus opiniones sobre política, religión y temas de actualidad.

El gallego José María López Lledín, nombre verdadero del Caballero de París, llegó a La Habana con tan solo 12 años, a bordo de un vapor. Trabajó en los restaurantes de los hoteles Inglaterra, Telégrafo, Sevilla, Manhattan, Royal Palm y Saratoga hasta 1920, año en el que perdió la razón al ser arrestado y enviado a la prisión del Castillo del Príncipe por un crimen que no había cometido.

Frente a la iglesia se encuentra la antigua Lonja del Comercio, un impresionante edificio diseñado por el arquitecto valenciano Tomas Mur en 1907, que en la actualidad es usado como centro de negocios de empresas extranjeras y agencias de viajes. Su cúpula está coronada por una figura en bronce del dios Mercurio.

La Lonja del Comercio (Foto: Ben Kucinski bajo lic. CC BY 2.0)

La Lonja del Comercio (Foto: Ben Kucinski bajo lic. CC BY 2.0)

Justo al lado está la estatua que muestra a un fraile con un niño de la mano y que representa al misionero mallorquín Junípero Serra, que visitó La Habana antes de zarpar para explorar la Alta California. Está considerado uno de los padres fundadores de los Estados Unidos.

Si llegas a La Habana en un crucero la Plaza de San Francisco será lo primero que verás, pues justo a las espaldas del edificio de la Lonja del Comercio, se encuentra la Terminal Sierra Maestra, el puerto en el que atracan los grandes barcos que hacen su entrada en la ciudad.

Tras la Lonja se encuentra también el Jardín Diana de Gales (Baratillo esquina a Carpinetti), situado en el antiguo jardín de la Casa de los Esclavos. La Casa de los Esclavos fue construida a principios del XIX por un acaudalado comerciante esclavista y fue la principal puerta de entrada de cautivos africanos a Cuba. Se estima que hasta cien mil de esclavos habrían desembarcado en este sitio. En la actualidad sirve de sede de la Oficina del Historiador de la Ciudad, ente encargado de la restauración integral del Centro Histórico de La Habana.

En la plaza también se localiza el lujoso Hotel Palacio del Marques de San Felipe y Santiago de Bejucal, la Agencia de Viajes San Cristóbal, especializada en el turismo cultural, y algunas piezas de arte notables, como las figuras de bronce del compositor polaco Chopín y del Caballero de París, un popular personaje callejero de La Habana de los años 50.

Haciendo esquina con la calle Muralla se encuentra la Casa-Museo Alejandro de Humboldt, dedicada a recuperar, conservar, investigar y dar a conocer el legado histórico del naturalista y explorador alemán Alejandro de Humboldt, considerado como el segundo descubridor de Cuba.

Escultura “La conversación”, del consagrado artista contemporáneo francés Étienne Pirot

Escultura “La conversación”, del artista francés Étienne Pirot (Foto: Byron Howes bajo lic. CC BY-ND 2.0)

A finales de 2012 la plaza vio transformada su imagen con la inauguración de un nuevo conjunto escultórico que, por su concepción, rompe con el entorno tradicional de la zona. La pieza se llama “La Conversación” y es obra del consagrado artista contemporáneo francés Étienne Pirot.

La pieza fue donada a la Oficina del Historiador de la Ciudad de La Habana por el italiano Vittorio Perrotta, amigo de la institución y un enamorado de Cuba. La obra representa a dos personas en actitud de diálogo, que simbolizan la importancia del diálogo para mantener y fortalecer los lazos de amistad entre los pueblos.

En la actualidad, la Plaza de San Francisco es uno de los lugares más emblemáticos y animados de La Habana y cuenta con numerosos bares, restaurantes y cafeterías.

La de San Francisco, como sus hermanas la Armasla de la Catedral o la Vieja, es lo más parecido a ese túnel del tiempo que es la capital, un viaje a nuestro pasado más inmediato, a la era de las reparaciones y la de los talleres de objetos cotidianos, a una Habana en la que todo se arregla una y otra vez, hasta el infinito: los relojes de pulsera, las gafas (los espejuelos, dicen los habaneros), las radios, los móviles, las cámaras de las bicicletas….

Siempre está llena de gente de todas las edades, por lo que es un gran lugar para experimentar la atmósfera incomparable de La Habana Vieja.

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Sobre el autor

Apasionado de internet y de los geniales rincones que ofrece la ciudad de La Habana. Mi objetivo es compartir con vosotros mi inquietud por descubrir lugares y personas especiales.



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