Plaza del Cristo, La Habana Vieja, La Habana, Cuba

Plaza del Cristo (Foto: Francis Mariani bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

Edificios de la Plaza del Cristo (Foto: Francis Mariani bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

La Plaza del Cristo es la quinta plaza de La Habana Vieja, y también la menos conocida, al encontrarse algo alejada del núcleo histórico.

Sus otrora hermosas y pintorescas fachadas hoy se desgajan como fantasmas de balcones, enrejados mugrientos, oscuros secretos resguardados entre columnas, y esperan pacientemente una merecida restauración que les devuelva su pasado esplendor. Sin embargo, esto es también parte de su encanto.

De unos años a esta parte, ha pasado de ser la eterna olvidada a convertirse en uno de los lugares más cool y creativos de la capital, gracias a su variedad de bares y tiendas y a los ocasionales conciertos de música en vivo.

En el centro de la plaza se encuentra el tranquilo parque de Bernaza, uno de los primeros de La Habana, fue erigido en 1640 alrededor de la pequeña ermita del Humilladero. La ermita era la última parada de la procesión del Vía Crucis, que se celebraba cada año en Cuaresma y que recorría la Calle Amargura y la Plaza de San Francisco.

El edificio más grande de la plaza es la parroquia del Santo Cristo del Buen Viaje, una iglesia del siglo XVIII recientemente renovada donde los marineros iban a rezar antes de emprender largos viajes. Fue construida en estilo barroco en 1732 sobre una antigua ermita, de la que sólo se conserva un ábside semicircular. De su interior destacan sus intrincados vitrales tintados y su techo de madera, pintado con colores brillantes.

Vista de la Plaza del Cristo

Vista de la Plaza del Cristo (Foto: Lisa Moffatt bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

En la plaza también se encuentra la antigua Casa del Obispo, que fue Palacio Episcopal entre los años 1846 y 1864, durante el mandato del obispo Francisco Fleix Solans.

A uno de los costados, hay un monumento que recuerda al atormentado poeta cubano Gabriel de la Concepción Valdés (conocido por el seudónimo de “Plácido”). Hijo de una bailarina española y de un barbero cubano de raza negra, su condición de mulato en una sociedad donde la esclavitud del negro constituía la base de la producción, le hizo pasar a lo largo de su vida por todo tipo de prejuicios y desprecios. “Plácido” fue el poeta más publicado y de mayor aceptación en la Isla durante el siglo XIX y está considerado como uno de los principales referentes de la poesía romántica en Cuba.

A finales del siglo XIX, la plaza era conocida popularmente como “la de las Lavanderas”, debido al gran número de mujeres dedicadas a este oficio que se concentraban en la plaza a diario para atender a misa.

El escritor británico Graham Greene situaba en esta plaza (en concreto en la dirección ficticia Lamparilla 37), la tienda y vivienda del protagonista de su libro “Nuestro Hombre en La Habana“, el vendedor de aspiradoras y agente secreto británico Wormald.

La plaza se llena de vida (y ruido) por las tardes, cuando los niños de la escuela de primaria situada justo al lado de la iglesia terminan sus clases y se reúnen para jugar al béisbol.

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Sobre el autor

Apasionado de internet y de los geniales rincones que ofrece la ciudad de La Habana. Mi objetivo es compartir con vosotros mi inquietud por descubrir lugares y personas especiales.



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