Plaza Vieja, La Habana Vieja, La Habana, Cuba

Plaza Vieja (Foto: Brian Snelson bajo lic. CC BY-SA 2.0)

Plaza Vieja (Foto: Brian Snelson bajo lic. CC BY-SA 2.0)

No debería ser ningún secreto que La Habana Vieja se estructura en torno a sus plazas, cada una con su abanico de atractivos.

Construida en 1559 como alternativa a la Plaza de Armas, la Plaza Vieja está situada en la intersección de las calles Muralla, Teniente Rey y Mercaderes, en el centro histórico de La Habana. Esta plaza es el símbolo del nuevo empuje de los negocios particulares y también un laboratorio de la Cuba futura.

La vocación cosmopolita que siempre ha distinguido a la ciudad se está recuperando a un ritmo vertiginoso, un ritmo que recibe ahora un nuevo impulso gracias al restablecimiento de las relaciones Cuba-Estados Unidos.

La apertura de nuevos negocios (restaurantes, tiendas de arte, centros de tatuaje, pequeños estudios de artistas, cuidadas terrazas) ha aportado a la zona un toque cool que antes no existía.

Es probablemente el rincón más bello de La Habana Vieja, y no solo para turistas: los niños de una escuela juegan al aire libre o se sientan a leer bajo los inmensos portales ajenos al trasiego de los visitantes.

La plaza se utilizó inicialmente para ejercicios militares, representaciones teatrales y ejecuciones públicas, y más tarde acogió un mercado al aire libre con las primeras pescaderías de La Habana.

Como tantas otras plazas de la ciudad, ha cambiado de nombre hasta en diez ocasiones, dependiendo de las diferentes etapas de la historia de Cuba, llamándose sucesivamente: Plaza Nueva, Plaza Real, Plaza Mayor, Plaza de Fernando VII, Parque Juan Bruno Zayas y Parque Julián Grimau, hasta que finalmente recibió el nombre de la Plaza Vieja.

La Plaza Vieja durante la ocupación británica en 1762

La Plaza Vieja durante la ocupación británica en 1762

De unos años a esta parte, sólo se habla del profundo proyecto de rehabilitación de la Plaza Vieja, de lo nuevo que luce el empedrado, de lo bella que es la pintura cuando no está desconchada, del olor a cemento fresco que, como el pan recién hecho, huele delicioso. Casi completamente restaurada, rezuma arte por los cuatro costados.

La plaza está repleta de casas que en su momento sirvieron como residencia a las principales familias de la burguesía criolla.

Las fachadas y soportales arcados que la circundan son, gracias al poderío de estas familias, un gran muestrario de los estilos constructivos de cada época.

Es uno de los sitios arquitectónicamente más eclécticos de La Habana, donde el Barroco colonial convive en armonía y complementariedad al lado del Modernismo inspirado en Antoni Gaudí.

A finales del siglo XIX y principios del XX la Plaza Vieja vio la adición de edificios de viviendas y comerciales más altos, que afortunadamente mantuvieron la coherencia arquitectónica original.

Jóvenes cubanos en La Plaza Vieja

Jóvenes cubanos en la Fuente de la Plaza Vieja (Foto: Guillaume Baviere bajo lic. CC BY 2.0)

En los años 50, durante el régimen de Batista, aquí se construyó un feo aparcamiento subterráneo, que afortunadamente fue demolido en 1996.

En la Plaza Vieja se encuentran lugares interesantes como la Cámara Oscura, un dispositivo estudiado por Aristóteles y Leonardo Da Vinci que capta en una pantalla todo lo que ocurre en el entorno, el Palacio Cueto, cuya arquitectura recuerda mucho a los edificios Modernistas diseñados por Gaudí en Barcelona, el majestuoso Palacio de los Condes de Jaruco, que acoge el Fondo de Bienes Culturales, la Casa Franchi Alfaro, convertida en viviendas o la bulliciosa escuela de primaria Angela Landa.

En el lado oeste de la plaza, los distintos locales que existen, como los modernos establecimientos, aún mantienen sus fachadas con el estilo característico del periodo colonial y con algunos de los vitrales mejor conservados de la ciudad.

En el centro, construida en mármol blanco de Carrara, se encuentra una fuente vallada, ornamentada con delfines, que antaño abastecía de agua de la Zanja Real a los vecinos y que hoy tan solo es decorativa.

En la actualidad, la Plaza Vieja es uno de los lugares más emblemáticos y animados de La Habana. Hace dos años, todas las cafeterías, bares y tiendas que había en esta plaza eran del Estado. Ahora, al lado del Café Bohemia uno puede darse un masaje en un salón puesto a todo lujo o beberse un mojito en el Azúcar, un moderno bar restaurante propiedad de una pareja hispano–cubana.

En la esquina de Muralla y San Ignacio, a un costado del Palacio de los Condes de Jaruco, funciona La Vitrola, establecimiento de comida criolla ambientado con viejas neveras de Coca-Cola y anuncios de los años cincuenta.

Además, centros culturales como la Fototeca de Cuba, el Planetario o la Vitrina de Valonia, así como tiendas de marcas internacionales reconocidas como Benetton o Paul & Shark, dan a la Plaza Vieja la versatilidad de combinar la historia con el presente de manera sobria y natural.

En el lado este de la plaza, los distintos locales que existen, como los modernos establecimientos de souvenires, aún mantienen sus fachadas con el estilo característico del siglo XVI, pero para entrar en un establecimiento tradicional y centenario, debemos ir al lado sureste.

Aquí se ubica Cafés El Escorial, donde se pueden comprar algunos de los mejores granos del mundo. El sillón vintage de la entrada nos avisa de que estamos a punto de cruzar la puerta de un sitio con mucha historia que contar. De hecho, una vez dentro nos encontramos rodeados de una decoración tradicional, de recuerdos y fotografías antiguas.

Historia y modernidad vuelven a darse la mano en la esquina de San Ignacio y Muralla, junto a la plaza, donde se sitúa la Taberna de la Muralla, una concurrida cervecería que ofrece exquisitas cervezas y maltas artesanales, elaboradas con tecnología austriaca en el propio local.

Es uno de los lugares preferidos por las quinceañeras y los recién casados para hacerse las tradicionales fotografías después de la ceremonia.

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Sobre el autor

Apasionado de internet y de los geniales rincones que ofrece la ciudad de La Habana. Mi objetivo es compartir con vosotros mi inquietud por descubrir lugares y personas especiales.



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