Monumento a Sancho Panza, La Habana Vieja, La Habana, Cuba

Monumento a Sancho Panza en la calle Obispo de La Habana

Monumento a Sancho Panza en Obispo (Foto: aa440 bajo lic. CC BY-NC-ND 2.0)

En el bullicioso boulevard de Obispo, una de las arterias más comerciales y turísticas de La Habana Vieja, exactamente en el coqueto parque ubicado entre Aguacate y Compostela, encontramos un monumento a Sancho Panza, un personaje ficticio de la novela “El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha”, escrita por Miguel de Cervantes Saavedra a comienzos de 1605.

Por su presencia e importancia ha sido considerado coprotagonista del libro y complemento humano y filosófico de Don Quijote, personaje principal.​

Don Quijote es un hidalgo manchego que “sabe muy bien lo que dice y no tiene ni idea de lo que hace”, un caballero del ámbito rural español al que la lectura de literatura caballeresca sume en un estado de locura que le lleva a salir en busca de aventuras. Tras ser armado caballero en una ridícula ceremonia en una venta, y siguiendo la costumbre y tradición que recomienda que todo caballero andante tenga un escudero, don Quijote, elige para tal cometido a Sancho Panza, «un labrador vecino suyo, hombre de bien… pero de muy poca sal en la mollera».

Sancho, seducido por su ambición, pues a diferencia de su señor es un hombre realista y práctico, acepta el cargo tras solemne juramento de que le seguirá fielmente, a pesar de que no entiende sus idealismos. Mientras don Quijote se dedica a deshacer imaginarios entuertos en su camino, Sancho, sencillo y pacífico, tratará de disuadirle para que no se meta en complicaciones.​

Pero este planteamiento de la trama esconde en su sencilla apariencia la esencia de la lección magistral de Cervantes.​ El crítico Joaquín Casalduero en el breve prólogo de su edición del libro describe la relación de don Quijote y Sancho como vivencia de tú a tú, el idealismo del uno (del antihéroe absurdo pero entrañable) cabalgará junto a la humana y esencial ambición del otro (explicando la ambición como «impulso de la Historia» y personificándola en un Sancho sin fuerza espiritual ni física y, por tanto «incapacitado para realizarla»).

El refranero, recurso de la sabiduría popular tradicional, es una de las señas de identidad de Sancho Panza a lo largo de la novela cervantina. Refranes tópicos y populares, aunque caídos en desuso, como «Donde una puerta se cierra otra se abre», «No con quien naces, sino con quien paces», «De noche todos los gatos son pardos», «Ándeme yo caliente, ríase la gente», «Cuando a Roma fueres, haz como vieres», etc.

En el Sancho de La Habana, la voluminosa figura aparece montada sobre su asno, con escudo y sombrero. Está elaborada en metal, incluyendo abundante alambre, mostrando una naturalidad impresionante, en pose desenfadada y cómoda, además de la mirada plácida.

Desde 1989, después de haber pasado por el centro recreativo de las Fuerzas Armadas, el Pabellón Cuba y la Biblioteca Rubén Martínez Villena, forma parte de uno de los rincones más visitados de Obispo.

Fue diseñado por Leo D’Lázaro, un artista cubano que ha participado en más de cien exposiciones nacionales e internacionales. Los que quieran conocer su obra y ser testigos del acto creativo in situ, pueden visitar su estudio-taller El Ojo del Ciclón, localizado en la calle O’Reilly 501, esquina a Villegas, en La Habana Vieja, muy cerca de su Sancho.

Dirección: En la esquina de las calles Aguacate y Compostela, La Habana Vieja

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Sobre el autor

Apasionado de internet y de los geniales rincones que ofrece la ciudad de La Habana. Mi objetivo es compartir con vosotros mi inquietud por descubrir lugares y personas especiales.



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